Emmanuel Macron, el presidente de los más ricos

François Hollande, quien fue mentor político de Macron, se refiere a él en los siguientes términos, «Macron no es el presidente de los ricos, sino de los muy ricos».
Fotografía tomada de www.metro.pr/pr/bbc-mundo

El 7 de mayo de 2017 el mundo puso sus ojos sobre las elecciones presidenciales en Francia. Un joven, que se auto denominaba de centro, prometía a los votantes unir lo mejor de la derecha y de la izquierda, reducir las brechas de desigualdad, trabajar para el pueblo. El joven banquero tenía un atractivo que seducía a la clase media y media alta francesa: parecía libre de las ataduras de los partidos políticos tradicionales. Impulsado por un movimiento nuevo, el movimiento En Marcha, el joven banquero llamaba la atención del mundo. El 7 de mayo de 2017, Emmanuel Macron se erigió presidente de Francia.

El día posterior al triunfo de Macron los diarios más importantes del mundo titulaban: ganó el joven sin partido político. Macron era visto como un fenómeno político que solo la democracia puede dar. Sin embargo, el romance entre franceses y su nuevo mandatario dura muy poco. Rápidamente Emmanuel Macron se perfila como el presidente de los ricos, como quien, contrario a lo prometido en campaña, impulsará reformas que repercutan en el aumento de la desigualdad.

Según un sondeo realizado por el diario Le Monde, a propósito del primer año del gobierno Macron, un 48% de los franceses que ganan más de 6.000 euros al mes se declaran “apasionados” por Macron, mientras que el porcentaje en el conjunto de la población es sólo del 33%.

En esa misma línea, François Hollande, quien fue mentor político de Macron, se refiere a él en los siguientes términos, «Macron no es el presidente de los ricos, sino de los muy ricos». A los pocos meses de su llegada al poder impulsó una reforma laboral que se aprobó por decreto gubernamental en septiembre de 2017, por medio de la cual se redujo el coste de los despidos y flexibilizó de manera significativa el mercado laboral.

La reforma tuvo dos impactos directos sobre los asalariados: por un lado, facilita a las empresas despidos masivos con impactos económicos mínimos, cambiando también el tipo y la temporalidad de los contratos a favor del contratante.

Macron también fue generoso con las grandes rentas. En los primeros reportes de presupuesto del actual gobierno francés, las grandes rentas dejaron de aportar cinco mil millones de Euros a las arcas del estado, algo muy similar a la apuesta de Trump en los Estados Unidos.

Fotografía tomada de www.thestar.com

La reducción de impuestos a las grandes rentas se acompañó de la supresión de la exit-tax, el impuesto que tasaba el coste del traslado de las grandes fortunas a paraíso fiscales. La propuesta del gobierno Macron disminuye significativamente el impuesto a pagar por el traslado de grandes fortunas, mejorando el escenario para que se acojan a la figura de no residenciados, por lo que el país galo dejará de percibir una gruesa suma de dinero en impuestos.

La fuga consentida de capital impactó los recursos para programas sociales. Una de las grandes promesas de campaña de Macron iba dirigida a los desempleados. En plaza pública prometió que los independientes y quienes renunciaran a su empleo, tendrían derecho a las prestaciones de desempleo. Una vez en el poder el asunto pasó a un segundo plano. Un máximo de cincuenta mil franceses tendrá derechos a las prestaciones, mientras que independientes y quienes dimitan voluntariamente de su empleo quedaron por fuera del programa.

Macron, y su ahora partido político En Marcha, se alzaron con la mayoría en las elecciones parlamentarias, dándole amplio margen de gobernabilidad. Debido al triunfo de Macron, los partidos de izquierda y derecha quedaron maltrechos, con poca capacidad de convocatoria, por lo que su primer año de gobierno no tuvo oposición real, hasta la entrada en escena de los chalecos amarillos, entendidos como una reacción natural a un gobierno que trabaja para los más ricos.

Video tomado del canal de YouTube de La Vanguardia

Stan Lee, el hombre del trazo inmortal

La vergüenza de Stanley por culpa de su oficio era tal que cambió su nombre por su pseudónimo. Así nació Stan Lee.
Fotografía tomada de fayerwayer.com

Stanley Lieber se adentró en el mundo del cómic a muy temprana edad y ayudó a construir los cimientos de un universo negado para la realidad. Inició su construcción en tiempos difíciles, en los que la valía de un hombre se medía por su capacidad para amasar fortuna o alcanzar la fama proviniendo de la pobreza absoluta.

En el país de las oportunidades, el joven Stanley se avergonzada de su oficio. En más de una entrevista se le escuchó decir, «sentía vergüenza por dedicarme a escribir cómics mientras otros construían puentes, levantaban edificios, buscaban la cura para una enfermedad». La vergüenza de Stanley por culpa de su oficio era tal que cambió su nombre por su pseudónimo. Así nació Stan Lee.

Si hoy consultas en Google el nombre de Stan Lee, al pie de la fotografía dirá: Stan Lee, escritor. Pero en sus inicios, dedicarse a la creación de cómics era un pasatiempo, indigno de ser puesto al nivel de una novela o un libro de poemas. Lee así lo entendía, por ello cambió su nombre y optó por encarnar su pseudónimo, pues tenía la firme aspiración de escribir una novela, y en ella poner el nombre que sus padres le habían dado: Stanley Martin Lieber.

Pero una cosa son los anhelos del hombre y otra son los caminos que el universo tiene trazados. Stan Lee, ese pseudónimo que nació de la vergüenza, estaba destinado a hacer del universo un lugar pequeño, a mostrar la fragilidad de la vida, de los planetas. Es Stan Lee quien inscribe su nombre en las historias más inspiradoras de la segunda mitad del siglo XX y las dos primeras décadas del siglo XXI.

Stan Lee, como si encarnara a uno de sus más queridos personajes, logró eliminar de su ser a aquel hombre racional que le decía: esto es un chiste, no manches tu nombre con esta basura de los cómics.

Ese hombre racional se llamaba Stanley Martin Lieber, quien nació junto con Stan Lee, pero murió a muy temprana edad.

Fumio Shigeto, el médico japonés que hizo posible el Nobel de literatura de Kenzaburo Oé

Fueron miles de vidas las que Fumio Shigeto no pudo salvar, pero el destino le dio revancha: cuando fue llamado a expandir los horizontes de un joven escritor hundido en la depresión, supo hacerlo.
Kenzaburo Oé. Fotografía tomada de la bbc.com

Un avión sobrevuela Hiroshima la mañana del seis de agosto de 1945. Mientras el avión avanza, en la ciudad reina la rutina: los niños entran a los salones para esperar a sus profesores, los médicos van camino a sus trabajos, los comerciantes se disponen a abrir las puertas de sus negocios. El sol radiante marca una mañana más del verano japonés. Todo transcurre normalmente. Quizá lo único extraño sea ese avión, tan distante de la vida de Hiroshima que muchos no se percatan de él.

En la cabina del avión, tres hombres discuten sobre el punto exacto en que deben llevar a cabo su misión. Llegan a un acuerdo. Cada uno de ellos toma su lugar de trabajo. Sueltan la carga. Cuarenta y cinco segundos después, Hiroshima y su cotidianidad quedan devastadas. Un enorme hongo gris surca el horizonte. Ya no hay más niños esperando a sus maestros, el sol ya no ilumina las calles de la ciudad, no hay avión en el cielo. En segundos todo es arrasado por el monstruoso poder de la bomba atómica. Esa mañana del seis de agosto de 1945 el mundo contempló los peligros reales de la guerra. Y de seguir embarcados en largos conflictos, la humanidad podría llegar a fin.

Entre los hombres que se disponían a iniciar su rutina diaria se encontraba uno que apenas la estaba construyendo. El doctor Fumio Shigeto era un recién llegado a la ciudad de Hiroshima. Aún no se acostumbraba a ella, mucho menos a su nuevo trabajo. Shigeto fue trasladado a esta ciudad para encargarse del hospital de la Cruz Roja. Apenas iniciaba el proceso de empalme y reconocimiento de sus nuevas labores. La rutina diaria aún no lo había alcanzado cuando el estallido de la bomba atómica estremeció Japón, cifrándole un propósito de vida que cumplió a cabalidad.

Hiroshima, seis de agosto de 1945. Fotografía tomada de la bbc.com

Los segundos inmediatos a la gran explosión y la reacción de Fimio Shigeto son narrados con claridad por el Premio Nobel Kenzaburo Oé en su libro Cuadernos de Hiroshima: «inmediatamente después del bombardeo atómico, él, al igual que muchos otros médicos, socorrió a los heridos y comenzó a luchar contra las consecuencias producidas por aquella extraña bomba». A pesar de no tener una familiaridad establecida con la gente de Hiroshima, fiel a su juramento, salió a socorrer a los heridos. Maltrecho como estaba, se percató de los extraños síntomas en los sobrevivientes. Algunos de los socorridos por Fumio Shigeto, perdieron el cabello a los pocos días del impacto. Se dio a la tarea de recolectar objetos afectados por la radiación, como fragmentos de tejas y placas utilizadas para rayos X, intuyendo que la explosión había sido producida por un arma nuclear.

Luego del impacto, los sobrevivientes, en medio de la destrucción, llegaban a sentirse afortunados por haber sobrevivido. Los que hoy daban gritos de alegría, a los pocos días fallecían a causa de dolores y hemorragias, casi siempre, acompañadas por manchas en la piel. Shigeto dedicó su vida a entender los efectos de la radiación en las personas afectadas. Recolectó información de las historias clínicas de los pacientes del hospital de la Cruz Roja, aún en tiempos de la ocupación estadounidense en Japón (1945-1955), cuando investigar sobre los efectos de la radiación estaba prohibido.

Fue Fumio Shigeto quien ayudó a establecer una relación directa entre el aumento de los casos de leucemia y los niveles de radiación a los que fueron expuestos los habitantes de Hiroshima. Luego de la explosión, y en tiempos de la ocupación, no se investigó debidamente la relación entre el aumento de algunas enfermedades y la radiación. Contrario a lo que se puede pensar, una vez la ocupación llegó a su fin, las investigaciones sobre los efectos de la radiación continuaban siendo mal vistas por la Dieta japonesa (parlamento o congreso para nosotros), puesto que, la fracción conservadora veía imprudente la publicación de estudios sobre la radiación. Temían la molestia de quien ahora era su aliado, Estados Unidos.

No obstante, los médicos, encabezados por Shigeto, jamás dieron su brazo a torcer. Se dieron a la tarea de analizar las estadísticas, las historias clínicas, y la evolución de los pacientes que padecían leucemia. El estudio logró concluir que existía una relación directa entre la radiación y el aumento de casos de leucemia. La comunidad médica no aceptó la investigación, en especial el departamento de salud pública japonesa. También fue Fumio Shigeto uno de los primeros en proponer estudios para determinar los efectos de la radiación en la segunda generación de habitantes de Hiroshima luego del bombardeo.

Doctor Fumio Shigeto. Fotografía tomada de la bbc.com

Las historias de vida y muerte que presenció el Doctor Shigeto son las que llevan a un joven escritor a interesarse en las memorias de los sobrevivientes. Kenzaburo Oé arriba a Hiroshima en 1963 como reportero encargado de cubrir la novena conferencia mundial contra las bombas atómicas y de hidrógeno. Kenzaburo atravesaba la encrucijada de su vida: su hijo había nacido con una malformación cerebral, lo que lo tenía recluido en una incubadora. La recomendación médica era dejarlo morir para así evitarle mayores sufrimientos.

Oé, al ver a su hijo tan cerca de la muerte, perdía poco a poco la fe en la humanidad y en su trabajo como escritor. En una entrevista de 1999, concedida al programa Conversaciones con la historia, Kenzaburo afirma: «Cuando nació mi hijo con un severo daño cerebral, quería encontrar un aliciente, por lo que me puse a leer el único libro que había escrito hasta ese momento y descubrí a los pocos días que no podía alentarme a mí mismo a través de la lectura de mi libro. Nadie podía hacerlo con mi trabajo. Pensé: yo no soy nada y mi libro es nada. Estaba sumido en una profunda depresión».

Es así como dos desgracias, que hasta el momento se desarrollaban en paralelo, se encuentran el verano de 1963. Kenzaburo Oé, cansado de las confrontaciones políticas que amenazaban la novena conferencia mundial contra las bombas atómicas y de hidrógeno, vuelca su mirada a las víctimas y sus historias. El joven escritor en desgracia se encontró entonces con el Doctor Fumio Shigeto, habituado al arte de luchar contra la muerte, aunque ésta siempre venciera.

Kenzaburo Oé y su familia. Fotografía tomada de lasexta.com

Los testimonios que Shigeto comparte con Kenzaburo Oé, le muestran el sufrimiento y la maldad de la que es capaz el ser humano. Pero, sobre todo, la dignidad de las víctimas. En cada historia de dolor, Kenzaburo Oé, encontraba un monumento a la dignidad, a la lucha silenciosa, al elegir la forma de vivir, de morir, o de simplemente aislarse de la sociedad. De ese viaje y del encuentro con Fumio Shigeto, Oé escribe el libro Cuadernos de Hiroshima, un texto que narra los dolores de la guerra, las historias de ancianos solitarios, mujeres desfiguradas por las quemaduras, niños muertos por la radiación en sus cuerpos.

Fumio Shigeto se embarcó en una lucha interminable con la clara conciencia de siempre ser el perdedor: la muerte siempre alcanzaba a sus pacientes. Kenzaburo, muy cerca al suicidio por la depresión que le generaba el estado de su pequeño hijo, emprendió un viaje a Hiroshima para cambiar de aire. Entonces, el hombre que luchó contra la muerte sin ganar una sola batalla le mostró a que valía la pena seguir escribiendo.

Fumio dedicó su vida a la reconstrucción del cuerpo humano, a tratar con los efectos de la onda expansiva de la bomba atómica que aún sigue en marcha golpeando el mapa genético de los habitantes de Hiroshima. Fueron miles de vidas las que Fumio Shigeto no pudo salvar, pero el destino le dio revancha: cuando fue llamado a expandir los horizontes de un joven escritor hundido en la depresión, supo hacerlo. Kenzaburo Oé, luego de sus viajes a Hiroshima, fue una de las voces más claras y de mayor impacto en la opinión mundial al hablar sobre los efectos de la guerra nuclear en los seres vivos.

La maldición Ferrari

Fangio será, hasta el año 2000, el único piloto que, siendo previamente campeón con otra escudería, logra coronarse campeón conduciendo un Ferrari. El hombre que rompe la marca es el legendario Michael Schumacher.
Fotografía tomada de thisisf1.com

En 1951, Juan Manuel Fangio logra su primer título como piloto de Fórmula 1 y el segundo consecutivo para su escudería, Alfa Romeo SpA. El año anterior, Giuseppe Farina, se había coronado como primer campeón de la gran carpa. Los títulos de 1952 y 1953, quedaron en manos de Alberto Ascari, piloto de la escudería Ferrari. Tuvieron que pasar cuatro temporadas para que Fangio volviera a la senda del triunfo: en 1955 gana su segundo título pilotando un Mercedes-Benz. En 1956, con la Scuderia Ferrari; y 1957, con la Officine Alfieri Maserati.

Fotografía tomada de El Clarín.

Las estadísticas nos dicen que los pilotos que llegaron a Ferrari, siendo ya campeones del mundo, no pudieron ganar premios con la escudería italiana. Mario Andretti protagoniza uno de los casos más peculiares. Fue piloto de Ferrari para las temporadas 1971 y 1972. Luego pasa a ser piloto de distintas escuderías, hasta que en 1978 gana su único título pilotando para la John Player Team Lotus. Como buen hijo pródigo vuelve a Ferrari para la temporada 1982, y ocupa al final de la temporada el puesto diecinueve en la general por pilotos. Una temporada de pesadilla para los tifosi.

Fangio será, hasta el año 2000, el único piloto que, siendo previamente campeón con otra escudería, logra coronarse campeón conduciendo un Ferrari. El hombre que rompe la marca es el legendario Michael Schumacher, quien luego de obtener dos títulos mundiales con la Mild Seven Benetton Ford, llega en 1996 a Ferrari y logra cinco títulos consecutivos para los tifosi, entre los años 2000 y 2004.

Las estadísticas nos dicen que los pilotos que llegaron a Ferrari, siendo ya campeones del mundo, no pudieron ganar premios con la escudería italiana. Mario Andretti protagoniza uno de los casos más peculiares. Fue piloto de Ferrari para las temporadas 1971 y 1972. Luego pasa a ser piloto de distintas escuderías, hasta que en 1978 gana su único título pilotando para la John Player Team Lotus. Como buen hijo pródigo vuelve a Ferrari para la temporada 1982, y ocupa al final de la temporada el puesto diecinueve en la general por pilotos. Una temporada de pesadilla para los tifosi.

Alain Prost fue dos veces campeón del mundo como piloto de la Marlboro McLaren International. Logró títulos consecutivos en los años 1985 y 1986. Como dos veces campeón del mundo, llega a Ferrari en 1990, año en que ocupa el segundo lugar en la general por pilotos. En 1992, el aún piloto de Ferrari, ocupa el quinto puesto en la general. Solo hasta 1993 logra su tercer título como piloto, pero ya corriendo para la Canon Williams Renault.

Fotografía tomada de Mundo Deportivo.

Para el año 2004, la Mild Seven Renault F1 Team, ya daba de qué habar en la gran carpa. Sin tener el motor más poderoso de la competición, mostraban una buena relación entre potencia y aerodinámica. El chasis del Renault R24, mostraba por mucho ser el más equilibrado, lo que le permitía mejor rendimiento en los circuitos sinuosos, y no sufrir en las pistas de velocidad, como lo es la mítica Monza. La Renault no conquistó títulos ese año, pero se perfilada como favorita para la siguiente temporada. En 2005 el piloto español Fernando Alonso levanta su primer título a bordo del Renault R25. El auto evolucionó como se esperaba, imponiéndose de forma contundente sobre los Ferrari. Alonso repite su hazaña en 2006 a bordo del Renault R26. La prensa mundial lo miraba con lupa: el joven piloto parecía ir tras el récord de los siete campeonatos mundiales que ostenta Schumacher.

En 2010, Fernando Alonso arriba a la escudería Ferrari. Corre para ellos entre 2010 y 2014. La apuesta de Alonso era lógica: si quería inscribir su nombre entre las leyendas de la F1, conducir para Ferrari era, en el papel, la apuesta menos riesgosa. Pero 2010 no fue el año para el piloto asturiano. La Red Bull Racing venía trabajando en un auto prometedor, armado con un motor potente y confiable. La Red Bull le apostó al presente y al futuro. Mark Webber, piloto experimentado, y Sebastian Vettel, el joven piloto alemán, fueron los llamados por la escudería para conseguir lo que parecía imposible: ganar títulos consecutivos. Vettel será campeón con la Red Bull entre 2010 y 2014, los mismos años que Fernando Alonso corrió para la Ferrari.

Fotografía tomada de la Vanguardia.

Pero como la historia está llamada a repetirse, para la temporada 2015 es Sebastian Vettel quien decide vestirse de rojo. Tras obtener cuatro títulos con la Red Bull, pasa ser piloto de la escudería italiana. Mal momento para cambiar. Es en 2014 cuando la F1, luego de setenta y cinco años de correr con motores V10 y V6, pasa a utilizar motores turbo-híbridos apoyados en baterías que se recargan con cada frenada del carro. Se pasa de los motores a las unidades de potencia.

Al cambiar el sistema, uno de los grandes damnificados es la Ferrari, que parecía no estar preparada para los nuevos desafíos que imponía la competencia. Este cambio ayudó a encumbrar a la Mercedes AMG F1 Team, equipo que desde el 2014 lo ha ganados todo: tres títulos con Lewis Hamilton y uno con Nico Rosberg.

Solo Juan Manuel Fangio y Michael Schumacher llegaron como campeones a la Ferrari, y lograron títulos con la escudería italiana. La estadística sobre Sebastian Vettel aún se está escribiendo, y quizá, sea el tercer piloto en lograr la hazaña. Lo cierto es, que la Ferrari ha mostrado problemas de confiabilidad en sus unidades de potencia, mientras que la Mercedes parece imbatible. También, para finalizar, cabe apuntar el potencial que ha mostrado la Red Bull Racing en esta era híbrida, que, de contar con un motor potente, podría amenazar el reinado de los alemanes el próximo año.

El hombre en el castillo, ucronía absoluta.


Sí, estados unidos fue el gran perdedor en la guerra. Los estados comprendidos entre la costa oeste y las rocallosas, se encuentran bajo ocupación Nazi, tomando el nombre de American Reich.

Los Nazis ganaron la segunda guerra mundial, Estados Unidos fue invadido por el ejercito alemán, y los japoneses han tenido éxito en la toma de Pearl Harbor. Washington, la Casa Blanca y el pentágono, ardieron contemplando el poder de la bomba atómica con la que Adolf Hitler puso fin a la invasión. En ese extraño mundo se desarrolla la trama de la serie El hombre en el castillo.

Una producción de Amazon Video que nos muestra el drama, el dolor, las interacciones sociales, las presiones políticas, la guerra de guerrillas urbanas, que se han dado luego del triunfo Nazi en la segunda guerra mundial. Una serie inspirada en la novela homónima escrita por Philip K. Dick, publicada en 1962, que tuvo éxito relativo en ventas. La historia se desarrolla en los años sesenta. Tras el fin de la segunda guerra, Estados Unidos lleva casi dos décadas ocupada por los Nazis y los japoneses. Sí, estados unidos fue el gran perdedor en la guerra. Los estados comprendidos entre la costa oeste y las rocallosas, se encuentran bajo ocupación Nazi, tomando el nombre de American Reich. La cultura norteamericana ha sido devastada. Hitler, inteligentemente, mantiene en la bandera del Reich americano las franjas blancas y rojas, pero en lugar de estrellas, lleva una cruz esvástica, mandando así un mensaje claro: la tierra de sus antepasados ya no existe, ahora todo hace parte del Gran Reich Nazi.

Japón, luego del triunfo contundente en el bombardeo a Pearl Harbor, desplegó su flota por el pacífico hasta llegar a San Francisco. Lo comprendido entre las rocallosas y la costa este se encuentra ocupado por el imperio del sol naciente. Si en el Reich americano los ciudadanos adoptaron la cultura Nazi, en los estados del pacífico las relaciones sociales toman otro color. Verán, la idea de la raza superior Nazi, se afinca en el mito de la raza aria, lo que le da oportunidades a todos los habitantes del Reich americano, siempre que puedan probar la pureza de su sangre. Caso contrario a lo que ocurre en los estados del pacífico. Los japoneses se consideran, igual que los Nazis, como una raza superior a la americana, incapaz de ver como igual a cualquiera que no sea japonés. No solo es un asunto de aspecto físico. La idea de superioridad de los japoneses está basada en su milenaria cultura, de modales cuidados, de respeto sin igual a sus iguales. Todo aquel que esté por fuera del canon cultural japonés, es poco más que un animal salvaje.

Siendo, tal como se ha contado hasta el momento, una historia intrigante, digna de ser vista por su ingenioso guion, introduce a la trama un elemento en inicio extraño, pero que conforme pasan los capítulos, viene a ser fundamental: una serie de películas que muestran un desenlace distinto de la guerra: Estados Unidos, junto con los aliados, destruyeron el imperio Nazi. En Washington jamás cayó una bomba. Hiroshima y Nagasaki fueron quemadas por las bombas atómicas. La teoría de los multiversos es introducida con cuidado a la trama, pues el guion no pretende adentrarse de lleno en la fantasía o la ciencia ficción. La serie tiene la firme intención de mostrarnos el complejo entramado de los multiversos, y cómo un detalle puede cambiar el curso de la historia. En el universo donde se ambienta el guion, el Día D fue un fracaso para los aliados, los cerebros que ayudaron a construir la bomba atómica para Estados unidos, no alcanzaron a huir de la Alemania Nazi, y Heisenberg no titubeó ante la posibilidad de construir una bomba atómica. Jamás hubo errores de cálculo.

La serie sostiene que existen tantas versiones de los personajes como universos hay. Cada versión es distinta, con amores y odios diferentes. Es en este punto donde la serie da un salto al vacío: los personajes se pueden mover de un universo a otro siempre que, al universo al que van, su versión ya no exista. A quienes han podido viajar de un universo a otro, se le conoce como viajeros, y son éstos los que introducen las películas que muestran un mundo distinto al habitado por ellos.

Una serie recomendada, con un guion tan o más intrincado que el de Westworld, serie original de HBO, de la cual estemos hablando en las próximas entregas.