Sócrates: más que una leyenda del fútbol, un emblema de la utopía revolucionaria

Como sucede con todos los ciclos, uno espera que se repitan. Que el símbolo, que otrora supo erigirse como faro de las gentes, se encarne en otro espejo.

Un año antes de que se celebrara la Copa Mundo, el 19 de septiembre de 1985, aconteció el evento natural más mortífero del que la historia de México tenga registro. Un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter sacudió los cimientos de Ciudad de México y sus alrededores: 8 mil millones de dólares calculados en daños materiales y casi un millón de personas abandonaron sus hogares. El reporte oficial de muertos fue de 3.192, mientras que, por otra parte, algunas organizaciones hablan de un número muchísimo mayor: veinte mil.

Casi un año después, el domingo 1 de junio de 1986, en un partido por la primera ronda del Grupo D, Brasil acabaría ganándole a España un gol por cero, tras una anotación del tipo que aparece en la fotografía, ese que lleva atada a la frente una pañoleta que dice México sigue en pie. La tierra volvió a temblar, esta vez por causa del éxtasis. Miles de aficionados estallaron en aplausos y corearon su nombre. El centrocampista le daba un espaldarazo a los mexicanos desde el césped, les hizo saber que era uno más dentro de los muchos que seguían recogiendo los escombros del pasado reciente. Ese día se contó como un desposeído.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, mejor y ampliamente conocido como Sócrates o «El doctor», por su también profesión de médico, fue el jugador brasilero más inteligente de la década de los ochentas. Su regate siempre oportuno, acompañado de su inmejorable visión de juego, lo convirtieron en el futbolista que mejor supo hacer de su deporte un ritual estético. «El fútbol, más que un juego, es un trabajo de artistas», sentenciaba constantemente.

Su prudencia en el manejo del balón contrastaba con la rebeldía de su cabeza. A mediados de la década del sesenta y hasta 1985, Brasil vivió bajo el régimen dictatorial. Sin embargo, desde inicios de la década de los 80, la dictadura empezó a dar señales de su periodo terminal. En 1982, forzados por el clamor popular, los representantes de la autarquía convocaron elecciones para designar al nuevo Gobernador del Estado de Sao Paulo. Fue entonces cuando Sport Club Corinthians, liderado por Sócrates, inició un movimiento contestatario que empezaría por revolucionar las practicas deportivas al interior del equipo, para luego trasladarse a todo el escenario social de aquel Brasil convulsionado. De ese gesto nació lo que se conoce como «La democracia corinthiana».

Así, los jugadores lo votaban todo. Se reunían y, democráticamente, por mayoría, elegían el método de trabajo, los sistemas de juego, los horarios de entrenamiento y la repartición del dinero. Durante esos años el Corinthians convocó las mayores multitudes en los estadios de Brasil, además de ganar consecutivamente el Campeonato Paulista durante dos años, ofreciendo el más hermoso y vistoso fútbol de todos.

De este modo, valiéndose de su popularidad, los jugadores decidieron proyectar el mensaje democrático hacia la sociedad brasileña. «Cuando pisábamos el césped —declaró en una ocasión Sócrates— sabíamos que estábamos participando de algo más que de un simple partido de fútbol. Luchábamos por recobrar la libertad en nuestro país».

Como muestra de ello está la final del campeonato paulista de 1983. Sócrates convenció a sus compañeros de imprimir camisetas con el lema «Democracia corinthiana. Vote el día 15», escudados por una pancarta que decía «Ganar o perder, pero siempre con democracia»

De todos estos procesos Sócrates fue líder y vocero: «Jugué los mundiales del 82 y 86 en una maravillosa selección. Conocí el Calcio en la Fiorentina. Fui técnico. Sigo siendo médico. Escribo crónicas para un diario deportivo y poemas que ponemos en canciones con amigos músicos. Pero esa fue la época más exultante de mi vida. Dos años y medio de lucha que valen por 40 de felicidad», Con estas palabras Sócrates, quien falleció en 2011 a los 57 años, evocaba la utopía futbolística y revolucionaria de la que había sido emblema.

Como sucede con todos los ciclos, uno espera que se repitan. Que el símbolo, que otrora supo erigirse como faro de las gentes, se encarne en otro espejo. Mientras esperamos en vano nos damos cuenta que Sócrates ha muerto en todos los sentidos. Murió el futbolista, se fue el genio, desapareció la voz. En este espectáculo que es el mundo, todos asistimos por igual a la infortunada paradoja de la vida que consiste en ver morir una especie al mismo tiempo que otra nace: mientras languidece moribundo, el ídolo, nace, violenta y cruda, la celebridad.

El ídolo es símbolo per se. La celebridad es una imagen, y las imágenes cambian sin el menor remordimiento conforme los tiempos se suceden uno tras otro. El símbolo encarna el espíritu de una época, la celebridad vive sin saber acaso qué es el espíritu. El símbolo es paradójico, la celebridad es plana, previsible. El símbolo no quiere que lo encuentren, la celebridad no se permite salir del reflector. Pero será la voz, ante cualquier otro rasgo, lo que mejor distinga al uno de la otra. El primero es un discurso, una voz indiferente al poder, un Juan el bautista que espeta verdades a merced de que le corten la cabeza. La segunda solo posa.

El símbolo es Puerto Rico. Residente, Capó, Daddy Yankee, Bad Bunny, Nicky Jam, Ricky Martin, Olga Tañón, entre otros, emplearon con sensatez su poder de convocatoria para darle fuerza al movimiento social en la isla. La indignación de los boricuas se ha hecho sentir en las calles, gente de todos los sectores estableciendo un precedente, actuando como se debe frente a las atrocidades del gobernador Ricardo Roselló, el hombre que, desde su casa, entre otras infamias, negaba la inminencia de la crisis mientras el país se hundía en el caos después de la tragedia causada por el huracán María.

La presión dio sus frutos, Roselló renunció al cargo y ganó el símbolo. Una victoria que debe ser celebrada como lo que es: la jugada de Sócrates. Los boricuas se ponen de pie y aplauden, el estadio se quiere caer. Desde Colombia solo vemos, nada más. Vemos mientras sufrimos. Aquí solo hay celebridades que promocionan marcas y producen videos chistosos. Nuestros artistas están de gira y los futbolistas en la playa. Para nosotros Sócrates no juega, para nosotros él ha muerto en todos los sentidos.

El hombre no es más que un fingidor

Porque nada cambia el hecho de que el hombre auténtico es el primero que delira, y a ciegas como va, busca la primera forma donde pueda hallar reposo.

La mano de la fotografía aprieta y ocasiona un dolor que en su naturaleza es tan extraño a quién lo padece porque, entre otras cosas, casi todas las formas del grito están más cercanas al padecimiento de la mujer que al del hombre. Como Aquiles, algo de lo que somos se quedó por fuera del bautismo. La inmersión de nuestra hombría parece haber estado marcada por una mano que, en lugar del talón, nos sostuvo por los genitales. El hombre es, en el fondo, un ser que exhibe su machismo con el mismo instrumento que desvela su fragilidad.

Entre hombres, las riñas se resuelven con golpes en la cara, nunca en las pelotas. Un hombre prefiere un rostro desfigurado antes que un miembro magullado. Parece haber un acuerdo tácito sobre el cual se infiere que, quien propine literal bajeza, será visto como un supremo cobarde, aunque deje al rival tendido e indefenso, revolcándose en el suelo. Entre hombres es prohibido pisarse las mangueras.

El pene siempre ha tenido dotes de actor consumado. Se yergue, impetuoso, con más dificultad de lo que se duerme. Su estado de indefensión permanente es usado para denotar un brío del cual solo es consciente cuando está erecto, el resto del tiempo es solo una nariz que pende, diminuta, a la espera de una nueva mentira que lo engrandezca.

Habría que replantear, si el asunto es de coherencia, nuestra forma alternativa de ser machos, porque el genital como estereotipo no puede con tanta carga. Toda una historia lo avala: al hombre lo postra el desuso. La guerra, por ejemplo, ha ofrecido cada vez que puede nuevos paradigmas de bravura, pero al ser tan efectiva ha acabado con los hombres. Y muerto el perro…

El fútbol (para no alejarnos de la imagen) tampoco ayuda mucho. Jornada tras jornada, las agitaciones de la cancha y de la grada terminan por convertirse en un cuadro de salvajismo testicular. Sea para provocar o para responder, nada es más elocuente que un apretón de bolas, o la soledad de un dedo que se ofrece. Es difícil encontrar en el funcionamiento mecánico de nuestro cuerpo una conexión más natural que la de las manos de un hombre con sus genitales.

Al final, parece que no queda más que resignarnos con lo único cierto: somos la cuota inicial de la procreación y los mayormente responsables del crecimiento demográfico. Porque nada cambia el hecho de que el hombre auténtico es el primero que delira, y a ciegas como va, busca la primera forma donde pueda hallar reposo. La mujer, queriendo que así sea, seguirá fingiendo que no lo necesita, solo para que la farsa dure más tiempo. Ellas, siempre más adelantadas, ya han descubierto que la nariz de pinocho crece solo con mentiras. Ellas ya saben que la vida empieza, paradójicamente, con la resurrección de un muerto.

¡Así se jugarán los cuartos!

De aquí en adelante solo juegan los mejores. Esta edición de la Champions League ya ha definido sus llaves de cuartos de final y el posible fixture de los equipos que aspiran al título.

El azar ha dispuesto todo para que Messi y Cristiano Ronaldo se enfrenten en la final de la Champions League, el 1 de junio en Madrid. Juventus, Manchester City, Ajax y Porto conforman el grupo de donde saldrá el primer finalista, que a su vez oficiará como local en el Wanda Metropolitano. De los otros cuatro equipos restantes saldrá, respectivamente, el segundo finalista de la competición.

La Juventus se medirá en cuartos al Ajax, que viene de eliminar al Real Madrid, actual campeón del torneo. Fuerza, inteligencia y ambición son tres palabras que describen al equipo holandés.  Por su parte, la Vecchia Signora demostró que con la incorporación del astro portugués solucionó lo que fue su principal problema en ediciones anteriores: falta de jerarquía en el área rival.

Barcelona, por su parte, se medirá ante el Manchester United. Los diablos rojos han mejorado su cuota de pragmatismo siendo contundentes adelante, desplegando un fútbol cuyo poderío está en los extremos, pero con algunas fragilidades en el área propia. Al frente, el Barca. Un equipo que todavía no ha hecho música de verdad en esta Champions. Hasta ahora, solo ejecuta una armonía sencilla, interpretada de memoria por músicos profesionales. No obstante, no es poca cosa tener en la cancha al único músico del mundo que improvisa bien en todas las tonalidades.

Entre Londres y Manchester está el otro clasificado a semifinales. Guardiola versus Pochettino. Spurs contra Cityzens. Inglaterra tendrá que despedir a uno de sus candidatos al trono de Europa, aun así, será el país que más probabilidades tiene de ganar el torneo de clubes más importante del mundo. La última vez que se enfrentaron ambos equipos fue en octubre del año pasado, por Premier League, cuando el City le ganó por la mínima diferencia al Tottenham.

El Liverpool es, al menos para mí, el candidato inglés que más argumentos tiene para llegar a Madrid. En el papel, tendrá un rival menos complicado que el Bayern Múnich, a quien viene de eliminar en Alemania. El Porto es un equipo de instantes, puede controlar los ritmos del partido por momentos pero su consistencia dura poco. Puede golear o ser goleado, o empatar en un flojísimo cero por cero. Ante Liverpool va a despabilar. Se va a sacudir. Lo hará cuando vea venir en ataque, con sed de otra final, a tres hombres vestidos de rojo.   

¿Quiénes crees que serán los equipos que pasarán a la siguiente fase de la Champions League?

Cuéntanoslo abajo en los comentarios.

Lucien Laurent y el primer eureka


La hora cero de lo que sería un fenómeno global. Un estadio que ya no existe. Un goleador olvidado. Todas estas cosas se conjugan para recordar la fundación mítica de la Copa Mundo.

En Uruguay, 1930, se jugaron los primeros partidos por el orgullo de ser la mejor selección de fútbol del planeta. Franceses y mexicanos se enfrentarían en el partido inaugural. En Montevideo había una sensación que era a su vez euforia e indiferencia. Un campeonato del mundo era una idea arriesgada, mucho más si se jugaba en la geografía desconocida de un continente decorativo.

El arte de ser pioneros es también una forma de estar más cerca del olvido que del reconocimiento. De no resultar atractiva, la Copa Mundo debía reemplazarse por algún otro tipo de entretención futbolera. En una época donde la información en masa era solo un embrión gestante, la gente disponía de muy pocos argumentos para aficionarse por un equipo o un jugador. La figura del entrenador era lo más parecido a un general que recluta su ejército. El fútbol era el limbo.

Lucien Laurent

El partido de la fundación se disputó en Pocitos, el estadio del Peñarol. El Estadio Centenario, construido especialmente para el acontecimiento, aún no estaba completamente terminado. En aquel juego los europeos se impusieron 4-1 sobre los centroamericanos. Lucien Laurent, mediocampista francés, anotó el primer gol del partido, el primer gol de un Mundial de fútbol.

Laurent pertenecía a uno de los cuatro equipos europeos (Yugoslavia, Rumania, Bélgica y Francia) que decidieron embarcarse en un viaje de tres semanas hasta Uruguay para ser parte del proyecto del entonces presidente de la FIFA, Jules Rimet. Vivir del fútbol era tan quimérico como ahora vivir sin él. Lucien había jugado durante casi una década con el Cercle Athlétique de París y alternaba los partidos con su rutina laboral en las empresas Peugeot. Gracias a ello, llegó al Sochaux, club con el que la empresa mantenía un fuerte vínculo comercial.

El primer Mundial no detuvo a nadie de cumplir con sus labores y Lucien debió negociar su ausencia, aunque sin goce de sueldo, a cambio de ser parte de la primera convocatoria, una lista que tenía solo a los jugadores necesarios y viajó con un corto presupuesto asignado por la federación francesa.

En 1998, cuando Francia conquistó su título mundial y él era el único sobreviviente de la primera delegación mundialista, Laurent fue entrevistado por The Independent y describió con más o menos exactitud la jugada del primer gol: «Nuestro portero sacó hacia el defensa central, quien habilitó a nuestro extremo derecho (Liberati), este recortó al defensa lateral y envió un centro cruzado que rematé de volea al ángulo desde unas 12 yardas».

Entrar en la historia no representó para los franceses un júbilo demasiado especial: «Todos estaban contentos, pero no dimos una vuelta alrededor del campo. Un apretón de manos y volvimos al juego» , sentenció el exjugador francés, quien murió el 11 de abril de 2005.

Francia ganó solo el primer partido, perdió con Argentina y después con Chile; Laurente se lesionó en el encuentro contra la Albiceleste y fue suficiente motivo para no volver a ser alineado en la Copa del Mundo.

Fueron un total de diez participaciones con la selección las que acumuló en toda su vida. Fue parte de la victoria 5-2 sobre Inglaterra en 1931 y, nuevamente una lesión, lo marginó de la experiencia de Italia en 1934. Marcó otro tanto en compromisos internacionales y no hubo más para Lucien con la selección de su país.

Así luce hoy el monumento a la portería de Pocitos, en una esquina de Montevideo.

En 1939, le hizo frente a la Segunda Guerra Mundial, donde fue apresado por militares alemanes. Fue hasta 1943 cuando, al regresar, descubrió que su casa en Estrasburgo había sido saqueada. Entre las pérdidas estuvo la camiseta de la única Copa del Mundo que pudo jugar. Lucien Laurent jugó de nuevo con el Besançon FC y puso punto final a su carrera tres años más tarde: «Todos mis recuerdos siguen ahí, bien guardados en una esquina de mi vieja cabeza. Nadie puede robármelos», dijo en cierta ocasión Laurent.

Los recuerdos siempre mueren en las esquinas. Nadie pudo robarle a Laurent lo que hubo en una de las suyas, y nadie podrá robarle a Pocitos el honor de ser hoy la esquina cualquiera de una calle de Montevideo donde una Copa del Mundo gritó su primer eureka.

Solo un humano

Messi es capaz de ganarle a dos equipos, al suyo y al rival. Messi prevalece sobre la irregularidad de sus compañeros mientras doblega a los rivales con abundantes lecciones de estética y asombro.

Messi es el único jugador que es capaz de anotar un gol antes de disparar. Su sinapsis es en demasía más rápida que la del resto de los mortales que jugamos, o intentamos jugar, con un balón en los pies. Esto no es nada nuevo.

Messi es un genio diferente, uno que en el ocaso parece tener el fútbol todo bajo su control. Uno que no se permite padecer los drásticos avatares del paso del tiempo, porque a su edad ha entendido que en el fútbol un cerebro veloz es mejor que unos pies alados.

Quienes corren detrás de Messi, corren para mitigar la vergüenza. Quienes le atajan un penal, lo celebran sabiéndose exclusivos datos estadísticos. Quienes han visto su triplete ante el Sevilla, el número 50 en su carrera, (y su pasegol número 227 con el Barcelona) asisten a un acontecimiento raro en el fútbol: Messi es capaz de ganarle a dos equipos, al suyo y al rival. Messi prevalece sobre la irregularidad de sus compañeros mientras doblega a los rivales con abundantes lecciones de estética y asombro.

Imagen de @LaLiga

Ante Sevilla, Messi fue ángel y demonio. Cuando el balón está en sus pies todos los sueños pueden hacerse realidad. A veces imagino a Messi jugando contra el fútbol mismo, y me pregunto si será posible que, hasta en esa delirante conjetura, Messi salga triunfante. Ganarle al fútbol. De inmediato recuerdo que es humano, y por igual me digo que no hay un calificativo que reste más mérito a la genialidad de Leo que el de «extraterrestre».

No, amigos. El diez es humano, y tan carnal como es, se yergue como el mejor de todos. Esa es una humillación de la que nos sentimos orgullosos: Messi es como nosotros, pero nosotros jamás seremos como él.

Los ocho atributos de la gente culta, según Antón Chéjov

Verás, la vida tiene sus exigencias. Para sentirse cómodo entre gente educada, para estar como en casa y a gusto entre ellos, uno debe ser culto en cierta medida.

Antón Chéjov, 26 años, corrige a su hermano mayor Nikolay – quien ya empezaba a gozar de cierto prestigio debido a su talento como pintor – a causa de una aparente falta de cultura. Con un tacto y una estética excepcional, Chéjov invita a su hermano a ser lo que para él debe ser un hombre culto, enseñándole,  fraterno y radical, cómo sobreponerse a las contrariedades que complicaban su adaptación al ambiente cultural ruso de la época.

Una carta que muestra una vez más la versatilidad de la prosa de Chéjov y, claramente, al alto sentido humanista que se había formado como hombre y escritor.

Aquí la carta:

“Moscú, 1886.

¡A menudo te has quejado conmigo de que la gente “no te entiende”! Goethe y Newton no se quejaron de eso… Solo Cristo lo hizo, pero Él se refería a su doctrina y no a sí mismo… La gente te entiende perfectamente bien. Y si tú no te entiendes a ti mismo, no es culpa suya.

Te aseguro, como hermano y como amigo, que te entiendo y estimo con todo mi corazón. Conozco tus cualidades como a mis cinco dedos; las valoro y respeto profundamente. Si quieres, para comprobar que te entiendo, puedo enumerarlas. Creo que eres amable hasta el punto de la suavidad, magnánimo, desinteresado, dispuesto a compartir hasta tu último centavo; no sientes envidia ni odio; eres candoroso, sientes lástima por hombres y bestias; eres confiado, no eres malicioso ni taimado, y olvidas el mal que te han hecho…

Tienes un regalo de los cielos del que pocos gozan: talento. Esto te sitúa por encima de millones de hombres, pues en la tierra solo uno entre dos millones es un artista. Tu talento te distingue: si fueras un sapo o una tarántula, aun entonces las personas te respetarían, pues al talento todas las cosas le son perdonadas.

Solo tienes un defecto, y la falsedad de tu posición, tu infelicidad y la irritación de tus entrañas son todas debidas a él. Es tu pronunciada falta de cultura. Perdóname, por favor, pero veritas magis amicitiae… Verás, la vida tiene sus exigencias. Para sentirse cómodo entre gente educada, para estar como en casa y a gusto entre ellos, uno debe ser culto en cierta medida. El talento te ha llevado a ese entorno, ahí perteneces, pero… te apartan de él, y te meces vis-à-vis entre la gente culta y los meros inquilinos.

Las personas cultas, en mi opinión, satisfacen las siguientes condiciones:

1. Respetan la personalidad humana y, por lo tanto, son siempre benévolas, amables, corteses y dispuestas a entregarse a otros. No hacen un alboroto por un martillo o por un pedazo de caucho perdido; si viven con alguien no creen estar haciéndole un favor, y al marcharse no dicen: “Nadie podría vivir con usted”. Perdonan el ruido, la carne fría y seca, y la presencia de extraños en su casa.

2. Sienten compasión, no solo por gatos y mendigos. Su corazón sufre por lo que el ojo no ve… De noche, se desvelan para ayudar a P…, para pagar la universidad de sus hermanos, para comprarle ropa a su madre.

3. Respetan la propiedad ajena y, por lo tanto, pagan sus deudas.

4. Son sinceras y le temen a mentir tanto como al fuego. Ni siquiera dicen mentiras blancas; una mentira es un insulto para quien la oye, lo degrada frente a quien la dice. No posan, se comportan en la calle como lo hacen en casa, no hacen alardes ante sus camaradas más humildes. No son dadas a farfullar incoherencias ni a forzar a otros a escuchar confidencias indeseadas. Por respeto a los oídos de los demás, permanecen más tiempo en silencio que hablando.

5. No se menosprecian a sí mismas para despertar compasión. No tocan las cuerdas de los corazones ajenos para hacerlos suspirar y aprovecharse de ellos. No dicen “soy un incomprendido,” o “me han pasado a segunda fila”, porque esto es esforzarse por alcanzar efectos mezquinos, y es vulgar, rancio, falso…

6. No son vanidosas. No apetecen diamantes tan falsos como conocer celebridades, estrechar manos con el ebrio de P., escuchar los arrebatos de un espectador extraviado en una exposición de pintura, ser reconocidos en las tabernas… Si hacen un centavo no se pavonean como si hubieran ganado cien rublos, y no presumen por tener la entrada donde otros no son admitidos… Los verdaderamente talentosos permanecen ocultos entre la multitud, tan lejos como sea posible de la publicidad… Hasta Krylov dijo que un barril vacío retumba más fuerte que uno lleno.

7. Si tienen talento lo respetan. Por él sacrifican descanso, mujeres, vino, vanidades… Son personas orgullosas de su talento… Además, tienen escrúpulos.

8. Desarrollan la sensibilidad estética en sí mismas. No pueden dormir en traje, ver grietas llenas de insectos en las paredes, respirar aire viciado, caminar sobre un piso en el que alguien ha escupido, cocinar en una estufa de parafina. Buscan, tanto como sea posible, contener y ennoblecer sus instintos sexuales… Lo que quieren de una mujer no es una compañera de cama… No pretenden en ellas el ingenio que se manifiesta en la costumbre de mentir.

Buscan, sobre todo si son artistas, frescura, elegancia, humanidad, la capacidad para ser madre… No se atiborran de vodka día y noche, no se ponen a olisquear la despensa, pues no son cerdos y lo saben. Beben solo cuando están libres, en ocasiones… Pues quieren mens sana in corpore sano.

Y así sucesivamente. Así es la gente culta. Para ser culto y no ser inferior al nivel de tu entorno no basta con haber leído Los papeles póstumos del Club Pickwick y aprenderse un monólogo de Fausto.

Lo que se necesita es trabajo constante, día y noche, lectura constante, estudio, voluntad… Para ello, cada hora es preciosa. Ven a nosotros, rompe la botella de vodka, échate a leer… Turgueniev, si quieres, a quien no has leído.

Debes dejar tu vanidad, no eres un niño… pronto tendrás treinta años. ¡Es hora!

Te espero… Todos te esperamos.”

Vuela alto, Chimuelo, siempre te recordaremos

La violación y el asesinato de niños son un asunto tan corriente en nuestro país que hace mucho dejó de importarnos. La reacción nuestra es la furia momentánea. Maldecimos la aberración y al aberrante. Luego, volvemos a otra tendencia, a otro hashtag.
https://www.youtube.com/watch?v=h4qfYPWAPCQ

En el video, un niño llamado Renato se dirige a todos con el protocolo y la solemnidad de un funeral religioso. En la tierra, cava la tumba del ave muerta, mientras entona, con toda reverencia, el Ave María. Posteriormente, el ave es puesta en tierra. Sorpresivamente, aparece una perra que se lo lleva a la boca para comérselo. De inmediato, Renato intenta abrir la boca del animal para sacar a Chimuelo (así se llama el ave), forcejean un momento y, finalmente, Chimuelo es rescatado. “Está con un poco de baba, pero está en paz”, dice aliviado el pequeño, para luego proceder a enterrar nuevamente el cuerpo de su mascota.

Lo de Renato es un gesto de humanidad, de verdadero altruismo. No solo porque se trata de un niño que quiere a su mascota —eso lo sabemos de casi todos los infantes­—, sino porque, sin quererlo, rompe con el cliché de amar lo perfecto. “Cuando decidimos comprarlo, me di cuenta que era especial, tenía una deformidad genética, las alitas no le crecieron nunca, por eso no podía volar”, explicó posteriormente Renato, quien vivió con el ave por más de año y medio.

La sensibilidad y el instinto animal tienen lugar en un brevísimo momento del video. Sin embargo, éste logró ser tendencia no solo por la emotiva despedida que el niño le hace a su ave, sino también por la intromisión de la perra. Este es un elemento determinante en la viralización, por ello podríamos decir que, además del adiós a Chimuelo, asistimos por igual a la inoportuna sevicia del canino.

En un animal, el instinto depredador es admisible, pues es su naturaleza. Un animal es incapaz de discernir qué significa la indefensión, la vulnerabilidad. Por el contrario, se vale de ellas para satisfacer su inmediata necesidad.

Mientras Chimuelo se hacía viral, en Colombia conocimos tres aberrantes noticias sobre asesinatos y abusos sexuales contra menores de edad: Pastor Gómez acaba de ser trasladado a la cárcel La Picota por ser responsable de la violación y el asesinato de la niña Angie Lorena Nieto, de 12 años, en el departamento del Meta.

«Que me cuiden a mis hijos» fue el pedido de Gómez a los padres de la niña asesinada.

En Santa Marta, un niño de 10 años, discapacitado, fue víctima de abuso sexual por parte de un hombre que, valiéndose de la limitación del menor, lo engañó y logró llevarlo debajo de un puente. Allí perpetuó la violación.
Los dos responsables del abuso y asesinato del niño de 7 años, Hans Tafur, ocurrido el mes pasado en el departamento de Caldas, fueron recientemente capturados y llevados ante la justicia.

La violación y el asesinato de niños son un asunto tan corriente en nuestro país que hace mucho dejó de importarnos. La indignación solo dura unos minutos, unos cuantos comentarios, unos cuantos likes. La reacción nuestra es la furia momentánea, nada más. Maldecimos la aberración y al aberrante, nada más. Luego, volvemos a otra tendencia, a otro hashtag.

Nosotros, los indignados, no hemos sido capaces de salir a la calle y exigir al gobierno de turno que haya una política de estado que verdaderamente proteja la vida de los niños, que endurezca el castigo a quienes cometen el delito y se ocupen mucho más por la prevención que por la terapia psicológica de acompañamiento.

Lo nuestro es reírnos del perro que se come al pájaro. Lo nuestro es hacer comedia de la tragedia del otro. Lo nuestro nunca ha sido aprender de la sensibilidad de Renato, porque este sistema en el que vivimos nos dice que debemos proteger solo aquello que nos otorga un beneficio inmediato y concreto. ¿Para qué preocuparse por un niño? ¿Por un discapacitado? ¿Por un funeral de mentiras?

Los demonios del infierno nos prefieren porque los colombianos estamos siempre dispuestos a perjudicar al más indefenso. Y somos tan imbéciles que no nos levantamos contra el que verdaderamente nos jode.

Así juegan los equipos que disputarán los octavos de final de la Champions League

Luego de conocerse las llaves de los enfrentamientos directos por los octavos de final de la Champions League, hay, como siempre, gran expectativa por lo que pueda pasar en el 2019 con equipos históricos que vuelven a meterse en la pugna por «la orejona»

Luego de conocerse las llaves de los enfrentamientos directos por los octavos de final de la Champions League, hay, como siempre, gran expectativa por lo que pueda pasar en el 2019 con equipos históricos que vuelven a meterse en la pugna por La orejona, como es el caso del Liverpool, y otros que, como el Barcelona y la Juventus, están llamados a acabar con la hegemonía del Real Madrid. Un escalón por debajo están: Manchester City, PSG, Bayern, Dortmund y el Atlético de Madrid. Y no podían faltar los que, sin chances claras de ganar el campeonato, quieren aguarle la fiesta a más de uno.

En Formas Circulares te contamos como creemos que se jugarán las llaves de acuerdo a las fortalezas y fragilidades de cada equipo.

Roma vs Porto.
La Roma llega a los octavos de final luego de haber ganado tres de los seis partidos que disputó en el grupo G, el mismo del Real Madrid.

Los giallorossi esperan llegar tan lejos como puedan en esta Champions. Su primer rival, los dragones azules de Portugal, llegan a octavos como invictos y primeros de su grupo, con un promedio de 3 goles por partido y con Moussa Marega en el puesto ocho de la tabla de artilleros, con 5 anotaciones. Los italianos, por su parte, registran un promedio de 0,45 goles por encuentro, a pesar de que Edin Džeko también figura en la lista de goleadores con los mismos tantos del portugués Marega.

El juego de ambos es similar: transiciones rápidas, salida por los extremos y centros para que se defina en el área. Los dos equipos tienen jugadores de buen pie en la mitad de la cancha: Pastore y De Rossi por Roma, y por Porto, los mexicanos Herrera y Jesús «el tecatito» Corona.

Sin embargo, la diferencia se marca en las porterías, puesto que el legendario Iker Casillas defiende el arco de los dragones, mientras que el sueco Olsen –recordado por ser el arquero al que Tony Kross le marca un soberbio golazo de tiro libre sobre el final del partido en el pasado mundial de Rusia– es quien resguarda los tres palos de la Roma. Naturalmente, Olsen es buen arquero (a cualquiera le hacen un gol de tiro libre) pero Casillas, al igual que Buffon, no han perdido la costumbre de sorprendernos a todos con atajadas imposibles. Como si fueran jóvenes.

Manchester United vs París Saint Germain
A menudo, los números mienten. Las estadísticas revelan que el PSG, en la fase de grupos, anotó diecisiete goles y que los goles en contra los recibió de equipos fuertes como el Napoli y el Liverpool. Podría pensarse que eso estaba dentro de los planes y que hay que considerarlo como un serio candidato a ganar la Champions. Los números nos están mintiendo. Lo hacen porque el PSG cumple, del mismo modo que el equipo de Mourinho, con todos los requisitos que se debe tener para ser un equipo desordenado. Ambos son, de distintas maneras, anarquía pura.

Los diablos rojos no hacen tantos goles como su rival, esto es porque son más atletas que futbolistas: no articulan jugadas que, a fuerza de repetirlas en la cancha, los conviertan en un equipo con identidad de juego. Solo dependen de una escapada de Rashford o un gol a trompicones de Lukaku. No dejemos por fuera un cabezazo de Fellaini como último recurso.

Por su lado, el París Saint Germain hace lo mismo, pero con talento. Eso quiere decir que ser demasiado talentoso, sin orden, es lo mismo que ser demasiado torpe. Cuando el PSG juega con Neymar, Mbappé y Cavani, todos los ataques llevan una alta dosis de amenaza. Porque de la única manera que pueden convertir es cuando alguno de estos tres, o los tres, se iluminan.

Detrás de este tridente, ha quedado una versión muy disminuida de Marco Verratti, Adrien Rabiot y Julian Draxler. Eso ha hecho que el equipo hoy no tenga elaboración y, por lo tanto, sea incapaz de repetir buenos partidos ante equipos de élite. Y ello le ha costado la vida. Al final, se impondrá el que no lo haga tan mal.

Tottenham vs Borussia Dortmund
Este es uno de los mejores partidos que nos ofrecen los octavos. El equipo alemán marcha primero en la Bundesliga, mientras que los londinenses son terceros en la Premier League.
En los enfrentamientos por Champions, ambos equipos solo se han encontrado dos veces, fue en la edición pasada, donde compartieron el grupo H. Tottenham pasó primero y Dortmund quedó eliminado.

Los dirigidos por Pochettino se reconocen, como típico equipo inglés, por un futbol directo. No obstante, han sabido integrar a su juego conceptos de ataque más mixtos, con una elaboración más paciente en partidos cerrados. Tottenham es un equipo que puede jugar a lo que sea. Tiene jugadores para contragolpear: Son, Dele Alli, Sissoko. Tiene elementos para construir una jugada de peligro al borde del área: Eriksen, Moura, Lamela. Puede ganar en el juego aéreo: Davinson, Vertonghen, Davies. Puede hacer todo lo anterior: Kane.

Pero el Dortmund tiene lo suyo. Como en los mejores tiempos, este Dortmund se ha acordado de jugar bien y ganar. Ahora, aparecen los nombres de una nueva generación de jugadores que son tan funcionales como lo fueron los de Klopp: Pulisic, Sancho, el renovado Paco Alcácer, Weigl, acompañados de los mayores del equipo: Mario Götze y Marco Reus, del que esperamos no se vuelva a lesionar.

La defensa del Dortmund es una muralla. Solo le anotaron dos goles en cinco juegos. Pasó como primero de su grupo, al igualar en puntos con el Atlético de Madrid pero, gracias a la paliza (4-0) que le propinó en el Signal Iduna Park, los alemanes se quedaron con el liderato.

Sus números en ataques son buenos: dos goles por partido es su promedio. Convierte goles y no le marcan. El Dortmund es un equipo equilibrado. El único mal del adolecen es el de, generalmente, no ser un escollo difícil para los equipos grandes en instancias decisivas. Se desinflan. Se pierden.

Ajax vs Real Madrid
Al Madrid ya le han dado su regalo de navidad, ¿no? Los holandeses, claramente, no son un mal equipo, pero son jóvenes y el Madrid es un viejo al que lo acusan de malas mañas.
De Ligt y De Jong podrían salir del equipo para la próxima temporada. Ambos son pretendidos por más de un gigante europeo, por lo que se intuye que, de efectuarse su salida, el equipo holandés perdería así alguna oportunidad de eliminar al equipo de Florentino Pérez, en especial porque el cuadro merengue tiene la necesidad de reforzar sus líneas.

El Ajax, al ser un equipo que en lugar de comprar figuras prefiere formarlas (y venderlas, desde luego) no tiene como prioridad ganar un torneo como la Champions League en esta edición. La última vez que lo hizo fue en la temporada 94/95 ante el AC Milán, de Italia. En ese equipo estaban Patrick Kluivert y Clarence Seedorf. Ello no quiere decir que no lo intentarán, pero necesitarán más que buen fútbol para eso. El Madrid ha demostrado ser un equipo sagaz en estas instancias.

Desde la salida de Cristiano Ronaldo, los blancos han perdido la contundencia en su juego. Ya ni siquiera es cuestión de mala suerte. Se ve a Marcelo inseguro. Kross, yerra un pase, y todo lo que ello significa. Bale sigue siendo de Cristal. Isco se pelea con la afición. Modric gana el balón de oro y Casemiro dice que no lo merecía. Keylor Navas, suplente. Si el partido fuera mañana, el Ajax le ganaría al Real Madrid.
Pero queda mucho tiempo para que el partido inicie y la casa blanca no quiere soltar el trono de Europa.

Olympique Lyon vs FC Barcelona
Después de lo de Roma, ya no se puede decir que el Barça ganará un partido antes de jugarlo. El estigma que deberá cargar este equipo catalán es el de ganar lo más difícil (vencer a un Chelsea que lo tenía contra las cuerdas) y perder lo más fácil (no saber mantener una ventaja de tres goles o, en su defecto, anotar un gol como visitante). Este Barcelona ha sido así en los últimos años: ha envejecido a la par de sus ídolos.

Messi, que ahora es más cerebral que nunca, ha dicho que esta vez no será igual. Van por todo. El equipo de Valverde tiene en esta temporada a un jugador que puede hacer que eso sea posible: el recién llegado Arturo Vidal. El «rey Arturo» cubre lo largo y ancho del campo de fútbol. Es un animal de la marca y, al mismo tiempo, un delantero más. Vidal recorre las distancias que a Busquets le cuestan. Vidal está en todas partes.

Los blaugrana ya no son aquel flamante equipo del
«tiki-taka» que desgastaba al adversario, obligándolo a correr como dementes detrás del balón durante los noventa minutos. Ahora, sucumben con más facilidad a la presión del equipo rival y no perforan tan fácilmente las defensas contrarias.

Por otro lado, el Lyon, quien en fase de grupos sorprendió a todos ganándole al Manchester City, no necesita tener mucho tiempo el balón para marcar goles. Sin bien «los ciudadanos» están muy lejos de ser un equipo como era el de Pep, sí tienen los mecanismos de juego automatizados que requiere el fútbol de posesión. Pero el Lyon supo derrotarlo. Por eso, puede esperarse que ocurra lo mismo con este Barça de juego inestable, pero con una fundamentación táctica basada en la cultura de juego que Guardiola engrandeció alguna vez.

Los franceses acudirán a sus contragolpes fulminantes y a su solidez defensiva: en esta Champions no han perdido en casa. No obstante, deben ser precavidos con lo que puedan hacer los diez jugadores del Barça. A Messi hay que excluirlo, porque está por encima de cualquier precaución.

Liverpool vs Bayer de Múnich
A estas alturas es claro que nadie quería enfrentar al Liverpool. No precisamente por lo que dicen los resultados: perdió tres de los 6 partidos que jugó, clasificando segundo, detrás del PSG. Ya habíamos dicho que los números mienten.

El equipo de Klopp es demoledor en el área rival y muy férreo en la propia. Atrás quedó el equipo asustadizo que perdió la final de la pasada edición de Champions. El Liverpool de hoy ha encontrado en Virgil van Dijk, y en su portero Alisson, motivos para dormir tranquilos y concentrar su poderío en las transiciones rápidas para que Mané, Firmino y Salah se cansen de hacer goles. Entre ellos hay 23 anotaciones en Premier League.

Mientras tanto, el Bayern se debate entre despedir o no a Kovač. El equipo Alemán marcha tercero en la Bundesliga y su juego no convence. Tolisso, Coman, Thiago Alcántara y James verán acción el próximo año y, por ende, llegarán sin ritmo a un equipo que necesita volver a ser sólido defensivamente y efectivo en el ataque. Hasta el momento Lewandosky hace lo suyo y mantiene la calma, pero… ¿podrá en esa soledad ganarle el pulso a los rojos de Anfield?

Atlético de Madrid vs Juventus
Este es el partido de la jornada. En la ida y en la vuelta. Con partidos de este talante el marcador casi ni se mueve, porque juega el Atlético, y con el equipo del «cholo» Simeone los nervios van hasta el final. Simeone no conoce la tranquilidad.

La Vecchia Signora de Cristiano Ronaldo juega como siempre, no ha cambiado su tesitura a pesar de la llegada del astro portugués. Bonucci y Chiellini parece que no envejecieran. Dybala, cada vez tiene mejor zurda. Mandzukic, el incansable, ahora es más nueve que nunca. Cristiano juega de extremo, como en sus inicios, y ya tiene 11 goles en la Serie A. La parte más frágil está en la portería, porque se fue Gigi. Sin embargo, Szczęsny no está mal.

El Atlético, en cambio, tiene bajo los tres palos un cerrojo llamado Jan Oblak. Y una defensa que no tiene nada que envidiar a la bianconera: Godín, Savic o Giménez. Lo anterior hace suponer que este partido será cerrado y de mucha intensidad en el juego aéreo. Cristiano ya sabe lo que es convertirle al Atlético, y Griezmann quiere demostrar que está a la altura de lo que se dice de él.

Ambos tienen estilos de juego muy parecidos, el contragolpe es su arma predilecta (¿han notado que esa es el arma predilecta de casi todos?) y, aunque a Juventus le gusta un poco más el balón, el Atlético entiende mejor qué hacer con él.

Schalke 04 vs Manchester City
En el papel, el partido debería ser un trámite para el Manchester City. Todos nos imaginamos desde ya un monólogo interminable de pases por parte de los Cityzens, y ni qué decir de los goles. Eso es lo dictamina el sentido común, por ello, es un partido que carece de atractivos para el fanático del fútbol.

A las virtudes del equipo de Guardiola, se suman la muy mala campaña del Schalke en la Bundesliga. Actualmente marcha en el puesto trece, con 15 puntos. Solo tres puntos lo separan de la zona de descenso. El City, por el contrario, marcha segundo en la Premier League, con 44 puntos, a uno del líder Liverpool.

Todo torneo tiene sus sorpresas. El Schalke 04 buscará la hazaña eliminando a uno de los favoritos. Por su parte el Manchester City también buscará la suya, pues parece difícil que gane la Champions con el mismo desparpajo con el que gana en Inglaterra.

Junior de Barranquilla, un equipo magicorrealista


En el fútbol, Junior es lo más parecido a Macondo. Sobre él se cierne la fortuna y la desgracia, el más deslumbrante prodigio y la más vergonzosa desventura.
 Foto de Vanexa Romero /ETCE


García Márquez y el Junior

Junio de 1950. Gabriel García Márquez entra al estadio Romelio Martínez dispuesto a convertirse de una vez y para siempre en hincha del Junior de Barranquilla. Faltan diecisiete años para que aparezca Cien años de soledad, pero él, siempre intuitivo, ha empezado a sospechar que esa novela la está escribiendo su sangre, que la lleva a todas partes y que todo lo escrito hasta ahora —y lo que ha de escribir después— es el esbozo de una trama frenética y embrujada llamada Macondo, el lugar de todas las cosas.

El Millonarios de Di Stéfano visitaba la cancha del municipal, en uno de esos partidos donde tendrían que haber existido los teléfonos celulares para grabar una clase magistral de fútbol. En cancha, estaban el brasilero Heleno «el príncipe maldito», a quien Gabo compararía con un escritor de novelas policíacas: «Su sentido del cálculo, sus reposados movimientos de investigador y finalmente sus desenlaces rápidos y sorpresivos le otorgan suficientes méritos para ser el creador de un nuevo detective para la novelística de policía».

Haroldo, también carioca, sería del mismo modo un maestro destacado en el arte de la laboriosidad. García Márquez lo comparó con otro escritor curtido en el oficio de escribir lo que sea: «Habría sido una especie de Marcelino Menéndez y Pelayo, con esa facilidad que tiene el brasileño para estar en todas partes a la vez y en todas ellas trabajando, atendiendo simultáneamente a once señores, como si de lo que se tratara no fuera de colocar un gol sino de escribir todos los mamotretos que don Marcelino escribiera».

De aquel día nació El juramento. Un texto breve con dejos de decreto ligero donde el Nobel narra cómo llegó a pertenecer a la santa hermandad de los hinchas. Surgió entonces una simpatía por el fútbol de la que no hay rastro salvo en esporádicas anécdotas y notas de prensa. Su literatura está plagada de cultura popular, de maestría narrativa, de ironía, de mentiras y realidades. Pero no de fútbol. El fútbol quedó intrincado y suspendido en una maraña de especulaciones sobre el motus animi continuos que es, según Cicerón, de lo que se vale un artista para crear.

Tan lejos quedó el futbol de su literatura que hoy ni la más ilustre academia universal ni los estudiosos más puntillosos pueden dar cuenta absoluta y definitiva sobre lo que Macondo ha legado al fútbol. Esa respuesta la tiene Tu papá, el Club Atlético Junior.

El fútbol de lo absurdo

En el fútbol, Junior es lo más parecido a Macondo. Sobre él se cierne la fortuna y la desgracia, el más deslumbrante prodigio y la más vergonzosa desventura. Junior, al igual que Remedios, asciende con incuestionable naturalidad a lo más alto de la tabla de posiciones y no sale de ahí durante todo un semestre, para luego, en el juego por un cupo a la semifinal de la Liga Águila II (2017), quedar eliminados en casa a manos de un escuálido América de Cali.

En la retina y el recuerdo de los hinchas junioristas quedaron las incontables paredes que se tejieron entre Chará y Teófilo Gutiérrez en esa temporada para destrozar defensas y golearlas en cualquier cancha del país. Un equipo que era lo suficientemente temible en su ataque como para compensar su elemental funcionamiento defensivo. Al lado de lo que debería ser lógico en Junior, se agazapa siempre una mueca pasmosa.

Con Junior asistimos a un taller de escritura creativa que no tiene precedentes cuando de escribir absurdos se trata. Lo increíble, que bien supo amalgamar García Márquez con la superstición del Caribe, halla en Junior a su más acérrimo representante. Si no que lo diga el piojo Acuña quien, en 2008, se desplomó, ligeramente empujado por las alas del viento, a cuatro metros del defensa rival más cercano, simulando una infracción. El árbitro sonó el silbato y fue penal para la escuadra tiburona. El portentoso narrador Édgar Perea lo catalogó, muy a su pesar, como el penal más insólito del fútbol colombiano.

Los hinchas salieron a celebrar en la madrugada el supuesto título.

En el año 2014, el conjunto tiburón fue carne de carroña para los creadores de memes en internet. Junior disputaba el título del campeonato con su más antagónico rival: Atlético Nacional. El partido de ida había terminado un gol por cero a favor de los barranquilleros. Pero en Medellín, en el partido definitivo, Nacional se coronó campeón por la vía de los penales, tras haberle ganado a Junior dos por uno.

Al día siguiente, muy temprano, circuló por las redes sociales un tuit que afirmaba que la Dimayor, por oficio, decretaba a Junior campeón de la liga, puesto que Nacional había alineado a 12 jugadores en determinado tramo del partido y había realizado cuatro cambios. Nada menos creíble. Sin embargo, los hinchas del Atlético Junior recibieron la noticia como veraz y salieron por las calles a celebrar el supuesto título.

Caravanas de motos y carros, banderas rojiblancas por doquier, una madrugada soñada para cualquier hincha del Junior. Pero pronto saldría el sol y la Dimayor despejaría el falso rumor. Se trataba, como debió saberse desde el principio, de una fake news. Las calles quedaron despejadas, como en un primer día de enero. Y vinieron los memes. ¡Celébralo Curramba!

La peste del olvido

Nunca un técnico de fútbol ha sido más olvidadizo que Alexis Mendoza. Naturalmente, no tiene la culpa. Una extraña enfermedad, producida por el insomnio prolongado al planear de forma tan meticulosa tantos partidos al año, se apoderó del entonces técnico de Junior. Mendoza, que en otro tiempo fuera un gran y precavido defensor, dirigía el partido de ida de la semifinal del torneo entre Junior e Independiente Medellín, con empate momentáneo a dos.

El estratega, visiblemente contagiado por la peste macondiana del olvido, no advirtió que el reglamento de la Dimayor solo admite tres jugadores extranjeros en cancha, no cuatro, como terminó ocurriendo.

Alexis Mendoza, furioso al darse cuenta del error.

Los asistentes del equipo rival esperaban que se sustituyera a uno de los extranjeros que jugaban hasta ese momento el partido. ¿Será Ovelar? ¿Será Bareiro? Viera no puede ser porque es el portero. Ninguno de los tres. Sale de la cancha el colombiano Gustavo Cuéllar para darle paso al delantero Argentino Luis «el animal» López. De inmediato, Leonel Álvarez, técnico del “poderoso” señaló el número cuatro a sus jugadores y les advirtió de lo sucedido.

Pasados los días, el tribunal deportivo falló a favor del Deportivo Independiente Medellín, declarando a Junior perdedor por tres goles a cero. El onceno barranquillero quedó en la obligación de ganarle a su rival en Medellín por goleada y con la necesidad de conservar el arco propio en cero. Una final regalada: «Héctor Fabio Báez (delegado y gerente deportivo de Junior) siempre me lo decía y hoy se nos pasó a todos. La responsabilidad es mía», manifestó el entrenador en rueda de prensa posterior.

Melquíades y Comesaña

Todo equipo histórico tiene sus leyendas: jugadores o entrenadores que tuvieron la gloria en las manos. Junior no es la excepción. Carlos Valderrama encabeza la lista, la continúan Iván René Valenciano, Víctor Danilo Pacheco, José María Pazo, etc. Sin embargo, ninguno de ellos ha demostrado tanto amor al Club Atlético Junior como el uruguayo Julio Avelino Comesaña.

Comesaña, tal como lo hiciera Melquíades, es el hombre que vuelve de la muerte al mundo de los vivos. Cuando se cree que ya su ciclo ha terminado con Junior, Comesaña vuelve a ponerse al frente del equipo. Luego, tras una mala racha, y una que otra pelea con don Fuad Char, es despedido.

A Úrsula no le gustaba mucho la amistad de José Arcadio Buendía con Melquiades, de modo que se quitaba un peso de encima cuando éste se iba. Pero Melquíades siempre vuelve, Úrsula, no lo olvides. Comesaña regresará de nuevo cuando Mendoza se equivoque otra vez y el barco, a la deriva, necesite otro timonel. No es casual que haya sido Melquiades quien preparara la bebida con la que Macondo se curó de la peste del olvido. Profecía literaria de altísimo acierto, porque es Comesaña quien reemplazó a Mendoza después de la desmemoria.

En Macondo, Melquiades termina viviendo en casa de los Buendía. Tal como se espera que termine pasando con Comesaña, pero en el banquillo tiburón. Comesaña sabe, como aquel desarrapado gitano, los secretos de la alquimia futbolera del Caribe. Sabe cómo gestionar un equipo plagado de estrellas o sin ninguna y, aún mas categórico, conoce los secretos de la familia que manda en el pueblo.

Lo maravilloso

Junior suele provocar éxtasis cuando quiere. En un partido reciente, por ejemplo, perdía tres goles a cero en Barranquilla y frente al vigente campeón, Deportes Tolima. ¿Quién puede creer en una remontada? Solo un hincha de Junior. Porque el hincha de Junior está entrenado en lo inverosímil. No importa si ha leído o no media página de Cien años de Soledad, los junioristas saben que el equipo habita en los linderos de lo real y lo maravilloso. 

La realidad marcaba una contundente derrota que tenía todos los pronósticos de ser peor en la segunda mitad. Sin embargo, Junior se acuerda que es Junior y con un fútbol demoledor termina ganando el partido cuatro goles a tres.

En las próximas semanas, Junior puede instalarse para siempre en la gloria mágica del futbol si gana los dos títulos que disputará. El primero, y más importante, el de la Copa Sudamericana. Sería su primer trofeo continental. El otro, el de la Liga colombiana frente a Medellín. Duelo de eternos subcampeones.

De lograr los dos títulos, podríamos gritar de verdad: ¡Celébralo Curramba!

Boca vs River, la final del (tercer) mundo

A un periodista argentino, en tonillo tanguero y sobrador, se le ocurrió decir que Boca vs River era la final del mundo. Así, de un solo tirón – porque los argentinos no conocen el remordimiento – mandó al carajo finales tan legendarias como la del Maracanazo o la de USA 94, con Roberto Baggio errando el penal, y con ello sentenció, de una buena vez, que no hay derecho a admitir que un Barça vs Madrid, en final de Champions League, pueda ser mito que engendre otro mito, sino más bien, comidilla para el marketing.

De tajo, aquella afirmación también los curó anticipadamente de lo que sería la gran derrota futbolera de los argentinos: perder un mundial contra Brasil. Boca vs River es la final del mundo porque la verdadera teofanía del fútbol está en la Argentina y solo puede darse en sus potreros. Porque solo en Argentina Dios es redondo.

Hoy es la final de la Copa Libertadores de América y ya deberíamos estar viendo el calentamiento de los arqueros, que son los primeros que pisan la grama. La voz nasal y crispante de Mariano Closs debería estar, ágilmente, mencionando los nombres de los titulares, mientras Diego Latorre se prepara para vaticinar un inminente choque de diferentes estilos de juego. La televisión argentina, debería estar transmitiendo postales delirantes de las graderías del monumental, o el rostro blanquirrojo de una argentinita linda, o viendo cómo un drone sobrevuela el cielo de Buenos Aires, y se eleva hasta que todo sea miniatura y pueda verse el Pacífico en lontananza. Debería.

Partido de ida en cancha de Boca / Foto de Conmebol

¿Cómo va todo en planta baja?, es la pregunta que le haría Closs al reportero de campo. Seguidamente, el paneo de la cámara se detendría al llegar al rostro del mellizo Barros Eschelotto para hacerle un primerísimo plano. Lo mismo ocurriría con “el muñeco” Gallardo quien, a estas alturas, ya debe estar preso en su palco.

Eso debería estar ocurriendo y no lo que vemos. Ahora, en lugar de una final trepidante, la televisión nos muestra unas imágenes que hace treinta minutos son furor en las redes sociales: los jugadores de Boca Juniors están llorando camino a los vestuarios.

Asistimos al espectáculo de la barbarie y la improvisación, cual no ha habido, ni habrá jamás, en los anales del futbol suramericano. No murió nadie, ni hace falta. La naturaleza había querido hace quince días que la primera final se jugara un domingo. El aguacero fue tan colosal que dejó lagunas en los cerebros de la dirigencia de la Conmebol.

La brutalidad dijo presente y la fecha del partido quedó en el limbo. Porque nadie que haya visto la transmisión entiende cómo el bus que llevaba adentro a los jugadores de Boca pudo ser apedreado y perforado tan fácilmente. En Argentina no conocen el blindaje.

Nadie puede dar crédito a las imágenes, no porque se haya caído El Obelisco, o porque la Casa Rosada haya amanecido con una banda cruzada pintada en la fachada. Fue solo porque un puñado de lo que a falta de nombre mejor llamamos vándalos, boicoteó la salida del bus xeneize con piedras y gas pimienta.

El resultado: Pablo Pérez, úlcera en el ojo izquierdo. Andrada, no puede ver más allá de tres metros. El chofer, que no juega, desmayado. Carlitos Tevez dijo, horas después, que estaban perturbados psicológicamente. También dijo que, tras el incidente, los mandaron a ponerse el uniforme tres veces, porque se jugaba, había humo blanco. El resultado: Habemus vergüenza.

Momento en que el bus de Boca es atacado / Foto de Infobae.com

Dos mil quinientos policías de la ciudad de Buenos Aires, y a la cabeza sus altos mandos, no fueron capaces de diseñar un protocolo de seguridad digno de una final continental. Algo tan simple como ampliar a un radio de 100 metros las vallas que separan a los hinchas del paso del ómnibus. Y en una curva, santo cielo…

Pero ellos, como cualquier institución lo haría, no quieren cargar con toda el agua sucia. Vía libre al rifirrafe. Macri, presidente de la Argentina, al enterarse de los desmanes, dijo lo que la tradición intelectual de los presidentes latinoamericanos le obliga: “Hay que dar con los responsables”. Maradona recuerda que está en México y vuelve a meter su mano, y le responde: “Lo que está haciendo Macri es lo peor de todos los tiempos en Argentina, pero éste es el cambio que votó la gente…Odio la violencia y a Macri qué le va a importar si fue hijo de millonarios toda la vida”.

Macri suda hielo. No puede ser que ahora él sea culpable de la incivilización argentina y vuelve a pedir explicaciones, otra a vez la policía, la de la ciudad, porque la de la nación dice que, lo que les correspondía, se hizo bien. “La culpa es de la barra brava de River, a la que se le incautaron más de 20.000 dólares y 300 entradas para el partido”, espeta la policía porteña.

Foto de Marca.com

Cada quien ve lo que quiere ver, y la mayoría de colombianos queríamos ver la voracidad de Wilmar Barrios y las escapadas punzantes de Villa. Armani estaría haciendo de Armani. Deberíamos estar viendo a Quintero: la única cuota de magia que tiene esta final. Pero no, nos quedamos mirando toda la tarde a Marcelo Benedetto, en planta baja, correteando a algún dirigente de AFA o de Conmebol para tener otra primicia deshonrosa. Allá, a lo lejos, se ve a Gianni Infantino – el presidente de FIFA – entrar por una puerta, luego devolverse por otra. Pobre señor – la Conmebol se rasca la cabeza – lo hacen venir de tan lejos… ¿Quién extraña al Cirque du soleil?

Como ambos equipos pactaron el juego para el domingo, nosotros acudimos nuevamente a la cita, nos reclinamos con toda confianza y encendimos el televisor para ver la contienda, que a esas alturas parecía más una deuda que una final. Entonces, de repente, vimos las gradas del monumental vacías. No hubo drones ni arqueros calentando. No estuvo Closs ni Latorre al micrófono: la deuda seguía sin quien la salde. El partido no se realizó porque Boca dijo que no ¿podía? jugarlo y River, faltaba más, no se opuso. Sin embargo, Boca quiso bogar mar adentro y exigió que los declarasen campeones sin jugar. Quisieron que la cancha sea un oficio y no la grama. Y su gloria, si la tienen, un escritorio. Ante ello, Rodolfo Raúl D’Onofrio, presidente de River, se hizo sentir de inmediato y les desenvainó una bravata: «Vengan a la cancha y juéguenlo, que lo puden ganar, créanme que lo pueden ganar, no somos tan buenos, nos pueden ganar»

La conmebol, luego de 4 días, puso fin al contrapunteo: el 9 de diciembre se jugará, en el Santiago Bernabéu (España), la final más larga del mundo. La final de la Libertadores en la tierra de los conquistadores. Argentina se quedó sin pagar la deuda y, en todo caso, me digo, hay que entenderlos, después de todo, no debe ser fácil organizar la final del mundo estando en el fin del mundo.