Sócrates: más que una leyenda del fútbol, un emblema de la utopía revolucionaria

Como sucede con todos los ciclos, uno espera que se repitan. Que el símbolo, que otrora supo erigirse como faro de las gentes, se encarne en otro espejo.

Un año antes de que se celebrara la Copa Mundo, el 19 de septiembre de 1985, aconteció el evento natural más mortífero del que la historia de México tenga registro. Un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter sacudió los cimientos de Ciudad de México y sus alrededores: 8 mil millones de dólares calculados en daños materiales y casi un millón de personas abandonaron sus hogares. El reporte oficial de muertos fue de 3.192, mientras que, por otra parte, algunas organizaciones hablan de un número muchísimo mayor: veinte mil.

Casi un año después, el domingo 1 de junio de 1986, en un partido por la primera ronda del Grupo D, Brasil acabaría ganándole a España un gol por cero, tras una anotación del tipo que aparece en la fotografía, ese que lleva atada a la frente una pañoleta que dice México sigue en pie. La tierra volvió a temblar, esta vez por causa del éxtasis. Miles de aficionados estallaron en aplausos y corearon su nombre. El centrocampista le daba un espaldarazo a los mexicanos desde el césped, les hizo saber que era uno más dentro de los muchos que seguían recogiendo los escombros del pasado reciente. Ese día se contó como un desposeído.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, mejor y ampliamente conocido como Sócrates o «El doctor», por su también profesión de médico, fue el jugador brasilero más inteligente de la década de los ochentas. Su regate siempre oportuno, acompañado de su inmejorable visión de juego, lo convirtieron en el futbolista que mejor supo hacer de su deporte un ritual estético. «El fútbol, más que un juego, es un trabajo de artistas», sentenciaba constantemente.

Su prudencia en el manejo del balón contrastaba con la rebeldía de su cabeza. A mediados de la década del sesenta y hasta 1985, Brasil vivió bajo el régimen dictatorial. Sin embargo, desde inicios de la década de los 80, la dictadura empezó a dar señales de su periodo terminal. En 1982, forzados por el clamor popular, los representantes de la autarquía convocaron elecciones para designar al nuevo Gobernador del Estado de Sao Paulo. Fue entonces cuando Sport Club Corinthians, liderado por Sócrates, inició un movimiento contestatario que empezaría por revolucionar las practicas deportivas al interior del equipo, para luego trasladarse a todo el escenario social de aquel Brasil convulsionado. De ese gesto nació lo que se conoce como «La democracia corinthiana».

Así, los jugadores lo votaban todo. Se reunían y, democráticamente, por mayoría, elegían el método de trabajo, los sistemas de juego, los horarios de entrenamiento y la repartición del dinero. Durante esos años el Corinthians convocó las mayores multitudes en los estadios de Brasil, además de ganar consecutivamente el Campeonato Paulista durante dos años, ofreciendo el más hermoso y vistoso fútbol de todos.

De este modo, valiéndose de su popularidad, los jugadores decidieron proyectar el mensaje democrático hacia la sociedad brasileña. «Cuando pisábamos el césped —declaró en una ocasión Sócrates— sabíamos que estábamos participando de algo más que de un simple partido de fútbol. Luchábamos por recobrar la libertad en nuestro país».

Como muestra de ello está la final del campeonato paulista de 1983. Sócrates convenció a sus compañeros de imprimir camisetas con el lema «Democracia corinthiana. Vote el día 15», escudados por una pancarta que decía «Ganar o perder, pero siempre con democracia»

De todos estos procesos Sócrates fue líder y vocero: «Jugué los mundiales del 82 y 86 en una maravillosa selección. Conocí el Calcio en la Fiorentina. Fui técnico. Sigo siendo médico. Escribo crónicas para un diario deportivo y poemas que ponemos en canciones con amigos músicos. Pero esa fue la época más exultante de mi vida. Dos años y medio de lucha que valen por 40 de felicidad», Con estas palabras Sócrates, quien falleció en 2011 a los 57 años, evocaba la utopía futbolística y revolucionaria de la que había sido emblema.

Como sucede con todos los ciclos, uno espera que se repitan. Que el símbolo, que otrora supo erigirse como faro de las gentes, se encarne en otro espejo. Mientras esperamos en vano nos damos cuenta que Sócrates ha muerto en todos los sentidos. Murió el futbolista, se fue el genio, desapareció la voz. En este espectáculo que es el mundo, todos asistimos por igual a la infortunada paradoja de la vida que consiste en ver morir una especie al mismo tiempo que otra nace: mientras languidece moribundo, el ídolo, nace, violenta y cruda, la celebridad.

El ídolo es símbolo per se. La celebridad es una imagen, y las imágenes cambian sin el menor remordimiento conforme los tiempos se suceden uno tras otro. El símbolo encarna el espíritu de una época, la celebridad vive sin saber acaso qué es el espíritu. El símbolo es paradójico, la celebridad es plana, previsible. El símbolo no quiere que lo encuentren, la celebridad no se permite salir del reflector. Pero será la voz, ante cualquier otro rasgo, lo que mejor distinga al uno de la otra. El primero es un discurso, una voz indiferente al poder, un Juan el bautista que espeta verdades a merced de que le corten la cabeza. La segunda solo posa.

El símbolo es Puerto Rico. Residente, Capó, Daddy Yankee, Bad Bunny, Nicky Jam, Ricky Martin, Olga Tañón, entre otros, emplearon con sensatez su poder de convocatoria para darle fuerza al movimiento social en la isla. La indignación de los boricuas se ha hecho sentir en las calles, gente de todos los sectores estableciendo un precedente, actuando como se debe frente a las atrocidades del gobernador Ricardo Roselló, el hombre que, desde su casa, entre otras infamias, negaba la inminencia de la crisis mientras el país se hundía en el caos después de la tragedia causada por el huracán María.

La presión dio sus frutos, Roselló renunció al cargo y ganó el símbolo. Una victoria que debe ser celebrada como lo que es: la jugada de Sócrates. Los boricuas se ponen de pie y aplauden, el estadio se quiere caer. Desde Colombia solo vemos, nada más. Vemos mientras sufrimos. Aquí solo hay celebridades que promocionan marcas y producen videos chistosos. Nuestros artistas están de gira y los futbolistas en la playa. Para nosotros Sócrates no juega, para nosotros él ha muerto en todos los sentidos.

¡Así se jugarán los cuartos!

De aquí en adelante solo juegan los mejores. Esta edición de la Champions League ya ha definido sus llaves de cuartos de final y el posible fixture de los equipos que aspiran al título.

El azar ha dispuesto todo para que Messi y Cristiano Ronaldo se enfrenten en la final de la Champions League, el 1 de junio en Madrid. Juventus, Manchester City, Ajax y Porto conforman el grupo de donde saldrá el primer finalista, que a su vez oficiará como local en el Wanda Metropolitano. De los otros cuatro equipos restantes saldrá, respectivamente, el segundo finalista de la competición.

La Juventus se medirá en cuartos al Ajax, que viene de eliminar al Real Madrid, actual campeón del torneo. Fuerza, inteligencia y ambición son tres palabras que describen al equipo holandés.  Por su parte, la Vecchia Signora demostró que con la incorporación del astro portugués solucionó lo que fue su principal problema en ediciones anteriores: falta de jerarquía en el área rival.

Barcelona, por su parte, se medirá ante el Manchester United. Los diablos rojos han mejorado su cuota de pragmatismo siendo contundentes adelante, desplegando un fútbol cuyo poderío está en los extremos, pero con algunas fragilidades en el área propia. Al frente, el Barca. Un equipo que todavía no ha hecho música de verdad en esta Champions. Hasta ahora, solo ejecuta una armonía sencilla, interpretada de memoria por músicos profesionales. No obstante, no es poca cosa tener en la cancha al único músico del mundo que improvisa bien en todas las tonalidades.

Entre Londres y Manchester está el otro clasificado a semifinales. Guardiola versus Pochettino. Spurs contra Cityzens. Inglaterra tendrá que despedir a uno de sus candidatos al trono de Europa, aun así, será el país que más probabilidades tiene de ganar el torneo de clubes más importante del mundo. La última vez que se enfrentaron ambos equipos fue en octubre del año pasado, por Premier League, cuando el City le ganó por la mínima diferencia al Tottenham.

El Liverpool es, al menos para mí, el candidato inglés que más argumentos tiene para llegar a Madrid. En el papel, tendrá un rival menos complicado que el Bayern Múnich, a quien viene de eliminar en Alemania. El Porto es un equipo de instantes, puede controlar los ritmos del partido por momentos pero su consistencia dura poco. Puede golear o ser goleado, o empatar en un flojísimo cero por cero. Ante Liverpool va a despabilar. Se va a sacudir. Lo hará cuando vea venir en ataque, con sed de otra final, a tres hombres vestidos de rojo.   

¿Quiénes crees que serán los equipos que pasarán a la siguiente fase de la Champions League?

Cuéntanoslo abajo en los comentarios.

Lucien Laurent y el primer eureka


La hora cero de lo que sería un fenómeno global. Un estadio que ya no existe. Un goleador olvidado. Todas estas cosas se conjugan para recordar la fundación mítica de la Copa Mundo.

En Uruguay, 1930, se jugaron los primeros partidos por el orgullo de ser la mejor selección de fútbol del planeta. Franceses y mexicanos se enfrentarían en el partido inaugural. En Montevideo había una sensación que era a su vez euforia e indiferencia. Un campeonato del mundo era una idea arriesgada, mucho más si se jugaba en la geografía desconocida de un continente decorativo.

El arte de ser pioneros es también una forma de estar más cerca del olvido que del reconocimiento. De no resultar atractiva, la Copa Mundo debía reemplazarse por algún otro tipo de entretención futbolera. En una época donde la información en masa era solo un embrión gestante, la gente disponía de muy pocos argumentos para aficionarse por un equipo o un jugador. La figura del entrenador era lo más parecido a un general que recluta su ejército. El fútbol era el limbo.

Lucien Laurent

El partido de la fundación se disputó en Pocitos, el estadio del Peñarol. El Estadio Centenario, construido especialmente para el acontecimiento, aún no estaba completamente terminado. En aquel juego los europeos se impusieron 4-1 sobre los centroamericanos. Lucien Laurent, mediocampista francés, anotó el primer gol del partido, el primer gol de un Mundial de fútbol.

Laurent pertenecía a uno de los cuatro equipos europeos (Yugoslavia, Rumania, Bélgica y Francia) que decidieron embarcarse en un viaje de tres semanas hasta Uruguay para ser parte del proyecto del entonces presidente de la FIFA, Jules Rimet. Vivir del fútbol era tan quimérico como ahora vivir sin él. Lucien había jugado durante casi una década con el Cercle Athlétique de París y alternaba los partidos con su rutina laboral en las empresas Peugeot. Gracias a ello, llegó al Sochaux, club con el que la empresa mantenía un fuerte vínculo comercial.

El primer Mundial no detuvo a nadie de cumplir con sus labores y Lucien debió negociar su ausencia, aunque sin goce de sueldo, a cambio de ser parte de la primera convocatoria, una lista que tenía solo a los jugadores necesarios y viajó con un corto presupuesto asignado por la federación francesa.

En 1998, cuando Francia conquistó su título mundial y él era el único sobreviviente de la primera delegación mundialista, Laurent fue entrevistado por The Independent y describió con más o menos exactitud la jugada del primer gol: «Nuestro portero sacó hacia el defensa central, quien habilitó a nuestro extremo derecho (Liberati), este recortó al defensa lateral y envió un centro cruzado que rematé de volea al ángulo desde unas 12 yardas».

Entrar en la historia no representó para los franceses un júbilo demasiado especial: «Todos estaban contentos, pero no dimos una vuelta alrededor del campo. Un apretón de manos y volvimos al juego» , sentenció el exjugador francés, quien murió el 11 de abril de 2005.

Francia ganó solo el primer partido, perdió con Argentina y después con Chile; Laurente se lesionó en el encuentro contra la Albiceleste y fue suficiente motivo para no volver a ser alineado en la Copa del Mundo.

Fueron un total de diez participaciones con la selección las que acumuló en toda su vida. Fue parte de la victoria 5-2 sobre Inglaterra en 1931 y, nuevamente una lesión, lo marginó de la experiencia de Italia en 1934. Marcó otro tanto en compromisos internacionales y no hubo más para Lucien con la selección de su país.

Así luce hoy el monumento a la portería de Pocitos, en una esquina de Montevideo.

En 1939, le hizo frente a la Segunda Guerra Mundial, donde fue apresado por militares alemanes. Fue hasta 1943 cuando, al regresar, descubrió que su casa en Estrasburgo había sido saqueada. Entre las pérdidas estuvo la camiseta de la única Copa del Mundo que pudo jugar. Lucien Laurent jugó de nuevo con el Besançon FC y puso punto final a su carrera tres años más tarde: «Todos mis recuerdos siguen ahí, bien guardados en una esquina de mi vieja cabeza. Nadie puede robármelos», dijo en cierta ocasión Laurent.

Los recuerdos siempre mueren en las esquinas. Nadie pudo robarle a Laurent lo que hubo en una de las suyas, y nadie podrá robarle a Pocitos el honor de ser hoy la esquina cualquiera de una calle de Montevideo donde una Copa del Mundo gritó su primer eureka.

Solo un humano

Messi es capaz de ganarle a dos equipos, al suyo y al rival. Messi prevalece sobre la irregularidad de sus compañeros mientras doblega a los rivales con abundantes lecciones de estética y asombro.

Messi es el único jugador que es capaz de anotar un gol antes de disparar. Su sinapsis es en demasía más rápida que la del resto de los mortales que jugamos, o intentamos jugar, con un balón en los pies. Esto no es nada nuevo.

Messi es un genio diferente, uno que en el ocaso parece tener el fútbol todo bajo su control. Uno que no se permite padecer los drásticos avatares del paso del tiempo, porque a su edad ha entendido que en el fútbol un cerebro veloz es mejor que unos pies alados.

Quienes corren detrás de Messi, corren para mitigar la vergüenza. Quienes le atajan un penal, lo celebran sabiéndose exclusivos datos estadísticos. Quienes han visto su triplete ante el Sevilla, el número 50 en su carrera, (y su pasegol número 227 con el Barcelona) asisten a un acontecimiento raro en el fútbol: Messi es capaz de ganarle a dos equipos, al suyo y al rival. Messi prevalece sobre la irregularidad de sus compañeros mientras doblega a los rivales con abundantes lecciones de estética y asombro.

Imagen de @LaLiga

Ante Sevilla, Messi fue ángel y demonio. Cuando el balón está en sus pies todos los sueños pueden hacerse realidad. A veces imagino a Messi jugando contra el fútbol mismo, y me pregunto si será posible que, hasta en esa delirante conjetura, Messi salga triunfante. Ganarle al fútbol. De inmediato recuerdo que es humano, y por igual me digo que no hay un calificativo que reste más mérito a la genialidad de Leo que el de «extraterrestre».

No, amigos. El diez es humano, y tan carnal como es, se yergue como el mejor de todos. Esa es una humillación de la que nos sentimos orgullosos: Messi es como nosotros, pero nosotros jamás seremos como él.

Romario cumple hoy 56 años y queremos recordar algo de su magia

En 2014 Romario es senador por Río de Janeiro. «Con 4.683.572 votos soy el senador más votado de la historia del Estado de Río.»

Esta joya de gol (video al final de la nota) define lo que era en la cancha: un jugador elegantemente letal. El astro brasileño anunció oficialmente su retiro en el 2008 jugando para el Vasco da Gama. Romario llegó a la astronómica cifra de 1002 goles en su carrera profesional.

Hoy, Romario sigue haciendo goles, esta vez desde la política, a la que llega en 2010 como diputado federal por el partido Socialista Brasileño.

En 2014 es senador por Río de Janeiro. «Con 4.683.572 votos soy el senador más votado de la historia del Estado de Río de Janeiro. Mis padres, ni en el mejor escenario, imaginarían que aquel niño que salió de la maternidad en una caja de zapatos ocuparía uno de los más altos cargos de la República (de Brasil)”, dijo el genio brasileño tras ser elegido.

Siendo diputado, encabeza los debates de control político contra la corrupción en la Confederación Brasilera de Fútbol. Presidió la comisión que investigó corrupción en el deporte de su país, además de promover leyes a favor de las personas con discapacidades físicas y cognitivas.

En 2016 estuvo entre los posibles candidatos para alcalde de Río de Janeiro. Las encuestas lo daban ganador, pero declinó.

En 2018 fue candidato a la gobernación de Río de Janeiro. Quedó fuera de la segunda vuelta.

Video tomado del canal de YouTube FC Barcalona https://www.youtube.com/watch?v=YikRE3gex1I

¿Te animas a definir a Romario en una sola palabra?

Se retira Peter Cech, el portero de los dos Guinness Records.

Cech es el portero con mayor número de vallas invictas en la liga inglesa
Fotografía tomada de theshortfuse.sbnation.com

Al final de esta temporada, Peter Cech colgará los guantes. El histórico portero checo, que actualmente milita en las filas del Arsenal, anunció su retiro de las canchas, después de 20 años como profesional. Durante su carrera futbolística en Inglaterra, Cech ganó en una ocasión la Champions League y la Europa League, tres veces la Community Shields, cuatro veces la Premier League y cinco veces la FA Cup.

A sus 36 años, el guardameta de los Gunners ostenta dos Guinness Records: Cech es el portero con mayor número de vallas invictas en la liga inglesa, 202 en total, 33 arcos en cero por encima del mítico David James.

El otro récord de Cech es el de convertirse en el portero con dos guantes de oro jugando con dos clubes distintos. (Chelsea y Arsenal, respectivamente).

124 veces internacional con la República Checa (futbolista checo con más partidos con su selección), Cech se retirará compitiendo con Leno por la titularidad en el Arsenal y en busca de un título que ponga el broche de oro a sus dos décadas en la élite.

https://www.youtube.com/watch?v=MGzmUYnECN8

Así juegan los equipos que disputarán los octavos de final de la Champions League

Luego de conocerse las llaves de los enfrentamientos directos por los octavos de final de la Champions League, hay, como siempre, gran expectativa por lo que pueda pasar en el 2019 con equipos históricos que vuelven a meterse en la pugna por «la orejona»

Luego de conocerse las llaves de los enfrentamientos directos por los octavos de final de la Champions League, hay, como siempre, gran expectativa por lo que pueda pasar en el 2019 con equipos históricos que vuelven a meterse en la pugna por La orejona, como es el caso del Liverpool, y otros que, como el Barcelona y la Juventus, están llamados a acabar con la hegemonía del Real Madrid. Un escalón por debajo están: Manchester City, PSG, Bayern, Dortmund y el Atlético de Madrid. Y no podían faltar los que, sin chances claras de ganar el campeonato, quieren aguarle la fiesta a más de uno.

En Formas Circulares te contamos como creemos que se jugarán las llaves de acuerdo a las fortalezas y fragilidades de cada equipo.

Roma vs Porto.
La Roma llega a los octavos de final luego de haber ganado tres de los seis partidos que disputó en el grupo G, el mismo del Real Madrid.

Los giallorossi esperan llegar tan lejos como puedan en esta Champions. Su primer rival, los dragones azules de Portugal, llegan a octavos como invictos y primeros de su grupo, con un promedio de 3 goles por partido y con Moussa Marega en el puesto ocho de la tabla de artilleros, con 5 anotaciones. Los italianos, por su parte, registran un promedio de 0,45 goles por encuentro, a pesar de que Edin Džeko también figura en la lista de goleadores con los mismos tantos del portugués Marega.

El juego de ambos es similar: transiciones rápidas, salida por los extremos y centros para que se defina en el área. Los dos equipos tienen jugadores de buen pie en la mitad de la cancha: Pastore y De Rossi por Roma, y por Porto, los mexicanos Herrera y Jesús «el tecatito» Corona.

Sin embargo, la diferencia se marca en las porterías, puesto que el legendario Iker Casillas defiende el arco de los dragones, mientras que el sueco Olsen –recordado por ser el arquero al que Tony Kross le marca un soberbio golazo de tiro libre sobre el final del partido en el pasado mundial de Rusia– es quien resguarda los tres palos de la Roma. Naturalmente, Olsen es buen arquero (a cualquiera le hacen un gol de tiro libre) pero Casillas, al igual que Buffon, no han perdido la costumbre de sorprendernos a todos con atajadas imposibles. Como si fueran jóvenes.

Manchester United vs París Saint Germain
A menudo, los números mienten. Las estadísticas revelan que el PSG, en la fase de grupos, anotó diecisiete goles y que los goles en contra los recibió de equipos fuertes como el Napoli y el Liverpool. Podría pensarse que eso estaba dentro de los planes y que hay que considerarlo como un serio candidato a ganar la Champions. Los números nos están mintiendo. Lo hacen porque el PSG cumple, del mismo modo que el equipo de Mourinho, con todos los requisitos que se debe tener para ser un equipo desordenado. Ambos son, de distintas maneras, anarquía pura.

Los diablos rojos no hacen tantos goles como su rival, esto es porque son más atletas que futbolistas: no articulan jugadas que, a fuerza de repetirlas en la cancha, los conviertan en un equipo con identidad de juego. Solo dependen de una escapada de Rashford o un gol a trompicones de Lukaku. No dejemos por fuera un cabezazo de Fellaini como último recurso.

Por su lado, el París Saint Germain hace lo mismo, pero con talento. Eso quiere decir que ser demasiado talentoso, sin orden, es lo mismo que ser demasiado torpe. Cuando el PSG juega con Neymar, Mbappé y Cavani, todos los ataques llevan una alta dosis de amenaza. Porque de la única manera que pueden convertir es cuando alguno de estos tres, o los tres, se iluminan.

Detrás de este tridente, ha quedado una versión muy disminuida de Marco Verratti, Adrien Rabiot y Julian Draxler. Eso ha hecho que el equipo hoy no tenga elaboración y, por lo tanto, sea incapaz de repetir buenos partidos ante equipos de élite. Y ello le ha costado la vida. Al final, se impondrá el que no lo haga tan mal.

Tottenham vs Borussia Dortmund
Este es uno de los mejores partidos que nos ofrecen los octavos. El equipo alemán marcha primero en la Bundesliga, mientras que los londinenses son terceros en la Premier League.
En los enfrentamientos por Champions, ambos equipos solo se han encontrado dos veces, fue en la edición pasada, donde compartieron el grupo H. Tottenham pasó primero y Dortmund quedó eliminado.

Los dirigidos por Pochettino se reconocen, como típico equipo inglés, por un futbol directo. No obstante, han sabido integrar a su juego conceptos de ataque más mixtos, con una elaboración más paciente en partidos cerrados. Tottenham es un equipo que puede jugar a lo que sea. Tiene jugadores para contragolpear: Son, Dele Alli, Sissoko. Tiene elementos para construir una jugada de peligro al borde del área: Eriksen, Moura, Lamela. Puede ganar en el juego aéreo: Davinson, Vertonghen, Davies. Puede hacer todo lo anterior: Kane.

Pero el Dortmund tiene lo suyo. Como en los mejores tiempos, este Dortmund se ha acordado de jugar bien y ganar. Ahora, aparecen los nombres de una nueva generación de jugadores que son tan funcionales como lo fueron los de Klopp: Pulisic, Sancho, el renovado Paco Alcácer, Weigl, acompañados de los mayores del equipo: Mario Götze y Marco Reus, del que esperamos no se vuelva a lesionar.

La defensa del Dortmund es una muralla. Solo le anotaron dos goles en cinco juegos. Pasó como primero de su grupo, al igualar en puntos con el Atlético de Madrid pero, gracias a la paliza (4-0) que le propinó en el Signal Iduna Park, los alemanes se quedaron con el liderato.

Sus números en ataques son buenos: dos goles por partido es su promedio. Convierte goles y no le marcan. El Dortmund es un equipo equilibrado. El único mal del adolecen es el de, generalmente, no ser un escollo difícil para los equipos grandes en instancias decisivas. Se desinflan. Se pierden.

Ajax vs Real Madrid
Al Madrid ya le han dado su regalo de navidad, ¿no? Los holandeses, claramente, no son un mal equipo, pero son jóvenes y el Madrid es un viejo al que lo acusan de malas mañas.
De Ligt y De Jong podrían salir del equipo para la próxima temporada. Ambos son pretendidos por más de un gigante europeo, por lo que se intuye que, de efectuarse su salida, el equipo holandés perdería así alguna oportunidad de eliminar al equipo de Florentino Pérez, en especial porque el cuadro merengue tiene la necesidad de reforzar sus líneas.

El Ajax, al ser un equipo que en lugar de comprar figuras prefiere formarlas (y venderlas, desde luego) no tiene como prioridad ganar un torneo como la Champions League en esta edición. La última vez que lo hizo fue en la temporada 94/95 ante el AC Milán, de Italia. En ese equipo estaban Patrick Kluivert y Clarence Seedorf. Ello no quiere decir que no lo intentarán, pero necesitarán más que buen fútbol para eso. El Madrid ha demostrado ser un equipo sagaz en estas instancias.

Desde la salida de Cristiano Ronaldo, los blancos han perdido la contundencia en su juego. Ya ni siquiera es cuestión de mala suerte. Se ve a Marcelo inseguro. Kross, yerra un pase, y todo lo que ello significa. Bale sigue siendo de Cristal. Isco se pelea con la afición. Modric gana el balón de oro y Casemiro dice que no lo merecía. Keylor Navas, suplente. Si el partido fuera mañana, el Ajax le ganaría al Real Madrid.
Pero queda mucho tiempo para que el partido inicie y la casa blanca no quiere soltar el trono de Europa.

Olympique Lyon vs FC Barcelona
Después de lo de Roma, ya no se puede decir que el Barça ganará un partido antes de jugarlo. El estigma que deberá cargar este equipo catalán es el de ganar lo más difícil (vencer a un Chelsea que lo tenía contra las cuerdas) y perder lo más fácil (no saber mantener una ventaja de tres goles o, en su defecto, anotar un gol como visitante). Este Barcelona ha sido así en los últimos años: ha envejecido a la par de sus ídolos.

Messi, que ahora es más cerebral que nunca, ha dicho que esta vez no será igual. Van por todo. El equipo de Valverde tiene en esta temporada a un jugador que puede hacer que eso sea posible: el recién llegado Arturo Vidal. El «rey Arturo» cubre lo largo y ancho del campo de fútbol. Es un animal de la marca y, al mismo tiempo, un delantero más. Vidal recorre las distancias que a Busquets le cuestan. Vidal está en todas partes.

Los blaugrana ya no son aquel flamante equipo del
«tiki-taka» que desgastaba al adversario, obligándolo a correr como dementes detrás del balón durante los noventa minutos. Ahora, sucumben con más facilidad a la presión del equipo rival y no perforan tan fácilmente las defensas contrarias.

Por otro lado, el Lyon, quien en fase de grupos sorprendió a todos ganándole al Manchester City, no necesita tener mucho tiempo el balón para marcar goles. Sin bien «los ciudadanos» están muy lejos de ser un equipo como era el de Pep, sí tienen los mecanismos de juego automatizados que requiere el fútbol de posesión. Pero el Lyon supo derrotarlo. Por eso, puede esperarse que ocurra lo mismo con este Barça de juego inestable, pero con una fundamentación táctica basada en la cultura de juego que Guardiola engrandeció alguna vez.

Los franceses acudirán a sus contragolpes fulminantes y a su solidez defensiva: en esta Champions no han perdido en casa. No obstante, deben ser precavidos con lo que puedan hacer los diez jugadores del Barça. A Messi hay que excluirlo, porque está por encima de cualquier precaución.

Liverpool vs Bayer de Múnich
A estas alturas es claro que nadie quería enfrentar al Liverpool. No precisamente por lo que dicen los resultados: perdió tres de los 6 partidos que jugó, clasificando segundo, detrás del PSG. Ya habíamos dicho que los números mienten.

El equipo de Klopp es demoledor en el área rival y muy férreo en la propia. Atrás quedó el equipo asustadizo que perdió la final de la pasada edición de Champions. El Liverpool de hoy ha encontrado en Virgil van Dijk, y en su portero Alisson, motivos para dormir tranquilos y concentrar su poderío en las transiciones rápidas para que Mané, Firmino y Salah se cansen de hacer goles. Entre ellos hay 23 anotaciones en Premier League.

Mientras tanto, el Bayern se debate entre despedir o no a Kovač. El equipo Alemán marcha tercero en la Bundesliga y su juego no convence. Tolisso, Coman, Thiago Alcántara y James verán acción el próximo año y, por ende, llegarán sin ritmo a un equipo que necesita volver a ser sólido defensivamente y efectivo en el ataque. Hasta el momento Lewandosky hace lo suyo y mantiene la calma, pero… ¿podrá en esa soledad ganarle el pulso a los rojos de Anfield?

Atlético de Madrid vs Juventus
Este es el partido de la jornada. En la ida y en la vuelta. Con partidos de este talante el marcador casi ni se mueve, porque juega el Atlético, y con el equipo del «cholo» Simeone los nervios van hasta el final. Simeone no conoce la tranquilidad.

La Vecchia Signora de Cristiano Ronaldo juega como siempre, no ha cambiado su tesitura a pesar de la llegada del astro portugués. Bonucci y Chiellini parece que no envejecieran. Dybala, cada vez tiene mejor zurda. Mandzukic, el incansable, ahora es más nueve que nunca. Cristiano juega de extremo, como en sus inicios, y ya tiene 11 goles en la Serie A. La parte más frágil está en la portería, porque se fue Gigi. Sin embargo, Szczęsny no está mal.

El Atlético, en cambio, tiene bajo los tres palos un cerrojo llamado Jan Oblak. Y una defensa que no tiene nada que envidiar a la bianconera: Godín, Savic o Giménez. Lo anterior hace suponer que este partido será cerrado y de mucha intensidad en el juego aéreo. Cristiano ya sabe lo que es convertirle al Atlético, y Griezmann quiere demostrar que está a la altura de lo que se dice de él.

Ambos tienen estilos de juego muy parecidos, el contragolpe es su arma predilecta (¿han notado que esa es el arma predilecta de casi todos?) y, aunque a Juventus le gusta un poco más el balón, el Atlético entiende mejor qué hacer con él.

Schalke 04 vs Manchester City
En el papel, el partido debería ser un trámite para el Manchester City. Todos nos imaginamos desde ya un monólogo interminable de pases por parte de los Cityzens, y ni qué decir de los goles. Eso es lo dictamina el sentido común, por ello, es un partido que carece de atractivos para el fanático del fútbol.

A las virtudes del equipo de Guardiola, se suman la muy mala campaña del Schalke en la Bundesliga. Actualmente marcha en el puesto trece, con 15 puntos. Solo tres puntos lo separan de la zona de descenso. El City, por el contrario, marcha segundo en la Premier League, con 44 puntos, a uno del líder Liverpool.

Todo torneo tiene sus sorpresas. El Schalke 04 buscará la hazaña eliminando a uno de los favoritos. Por su parte el Manchester City también buscará la suya, pues parece difícil que gane la Champions con el mismo desparpajo con el que gana en Inglaterra.

Junior de Barranquilla, un equipo magicorrealista


En el fútbol, Junior es lo más parecido a Macondo. Sobre él se cierne la fortuna y la desgracia, el más deslumbrante prodigio y la más vergonzosa desventura.
 Foto de Vanexa Romero /ETCE


García Márquez y el Junior

Junio de 1950. Gabriel García Márquez entra al estadio Romelio Martínez dispuesto a convertirse de una vez y para siempre en hincha del Junior de Barranquilla. Faltan diecisiete años para que aparezca Cien años de soledad, pero él, siempre intuitivo, ha empezado a sospechar que esa novela la está escribiendo su sangre, que la lleva a todas partes y que todo lo escrito hasta ahora —y lo que ha de escribir después— es el esbozo de una trama frenética y embrujada llamada Macondo, el lugar de todas las cosas.

El Millonarios de Di Stéfano visitaba la cancha del municipal, en uno de esos partidos donde tendrían que haber existido los teléfonos celulares para grabar una clase magistral de fútbol. En cancha, estaban el brasilero Heleno «el príncipe maldito», a quien Gabo compararía con un escritor de novelas policíacas: «Su sentido del cálculo, sus reposados movimientos de investigador y finalmente sus desenlaces rápidos y sorpresivos le otorgan suficientes méritos para ser el creador de un nuevo detective para la novelística de policía».

Haroldo, también carioca, sería del mismo modo un maestro destacado en el arte de la laboriosidad. García Márquez lo comparó con otro escritor curtido en el oficio de escribir lo que sea: «Habría sido una especie de Marcelino Menéndez y Pelayo, con esa facilidad que tiene el brasileño para estar en todas partes a la vez y en todas ellas trabajando, atendiendo simultáneamente a once señores, como si de lo que se tratara no fuera de colocar un gol sino de escribir todos los mamotretos que don Marcelino escribiera».

De aquel día nació El juramento. Un texto breve con dejos de decreto ligero donde el Nobel narra cómo llegó a pertenecer a la santa hermandad de los hinchas. Surgió entonces una simpatía por el fútbol de la que no hay rastro salvo en esporádicas anécdotas y notas de prensa. Su literatura está plagada de cultura popular, de maestría narrativa, de ironía, de mentiras y realidades. Pero no de fútbol. El fútbol quedó intrincado y suspendido en una maraña de especulaciones sobre el motus animi continuos que es, según Cicerón, de lo que se vale un artista para crear.

Tan lejos quedó el futbol de su literatura que hoy ni la más ilustre academia universal ni los estudiosos más puntillosos pueden dar cuenta absoluta y definitiva sobre lo que Macondo ha legado al fútbol. Esa respuesta la tiene Tu papá, el Club Atlético Junior.

El fútbol de lo absurdo

En el fútbol, Junior es lo más parecido a Macondo. Sobre él se cierne la fortuna y la desgracia, el más deslumbrante prodigio y la más vergonzosa desventura. Junior, al igual que Remedios, asciende con incuestionable naturalidad a lo más alto de la tabla de posiciones y no sale de ahí durante todo un semestre, para luego, en el juego por un cupo a la semifinal de la Liga Águila II (2017), quedar eliminados en casa a manos de un escuálido América de Cali.

En la retina y el recuerdo de los hinchas junioristas quedaron las incontables paredes que se tejieron entre Chará y Teófilo Gutiérrez en esa temporada para destrozar defensas y golearlas en cualquier cancha del país. Un equipo que era lo suficientemente temible en su ataque como para compensar su elemental funcionamiento defensivo. Al lado de lo que debería ser lógico en Junior, se agazapa siempre una mueca pasmosa.

Con Junior asistimos a un taller de escritura creativa que no tiene precedentes cuando de escribir absurdos se trata. Lo increíble, que bien supo amalgamar García Márquez con la superstición del Caribe, halla en Junior a su más acérrimo representante. Si no que lo diga el piojo Acuña quien, en 2008, se desplomó, ligeramente empujado por las alas del viento, a cuatro metros del defensa rival más cercano, simulando una infracción. El árbitro sonó el silbato y fue penal para la escuadra tiburona. El portentoso narrador Édgar Perea lo catalogó, muy a su pesar, como el penal más insólito del fútbol colombiano.

Los hinchas salieron a celebrar en la madrugada el supuesto título.

En el año 2014, el conjunto tiburón fue carne de carroña para los creadores de memes en internet. Junior disputaba el título del campeonato con su más antagónico rival: Atlético Nacional. El partido de ida había terminado un gol por cero a favor de los barranquilleros. Pero en Medellín, en el partido definitivo, Nacional se coronó campeón por la vía de los penales, tras haberle ganado a Junior dos por uno.

Al día siguiente, muy temprano, circuló por las redes sociales un tuit que afirmaba que la Dimayor, por oficio, decretaba a Junior campeón de la liga, puesto que Nacional había alineado a 12 jugadores en determinado tramo del partido y había realizado cuatro cambios. Nada menos creíble. Sin embargo, los hinchas del Atlético Junior recibieron la noticia como veraz y salieron por las calles a celebrar el supuesto título.

Caravanas de motos y carros, banderas rojiblancas por doquier, una madrugada soñada para cualquier hincha del Junior. Pero pronto saldría el sol y la Dimayor despejaría el falso rumor. Se trataba, como debió saberse desde el principio, de una fake news. Las calles quedaron despejadas, como en un primer día de enero. Y vinieron los memes. ¡Celébralo Curramba!

La peste del olvido

Nunca un técnico de fútbol ha sido más olvidadizo que Alexis Mendoza. Naturalmente, no tiene la culpa. Una extraña enfermedad, producida por el insomnio prolongado al planear de forma tan meticulosa tantos partidos al año, se apoderó del entonces técnico de Junior. Mendoza, que en otro tiempo fuera un gran y precavido defensor, dirigía el partido de ida de la semifinal del torneo entre Junior e Independiente Medellín, con empate momentáneo a dos.

El estratega, visiblemente contagiado por la peste macondiana del olvido, no advirtió que el reglamento de la Dimayor solo admite tres jugadores extranjeros en cancha, no cuatro, como terminó ocurriendo.

Alexis Mendoza, furioso al darse cuenta del error.

Los asistentes del equipo rival esperaban que se sustituyera a uno de los extranjeros que jugaban hasta ese momento el partido. ¿Será Ovelar? ¿Será Bareiro? Viera no puede ser porque es el portero. Ninguno de los tres. Sale de la cancha el colombiano Gustavo Cuéllar para darle paso al delantero Argentino Luis «el animal» López. De inmediato, Leonel Álvarez, técnico del “poderoso” señaló el número cuatro a sus jugadores y les advirtió de lo sucedido.

Pasados los días, el tribunal deportivo falló a favor del Deportivo Independiente Medellín, declarando a Junior perdedor por tres goles a cero. El onceno barranquillero quedó en la obligación de ganarle a su rival en Medellín por goleada y con la necesidad de conservar el arco propio en cero. Una final regalada: «Héctor Fabio Báez (delegado y gerente deportivo de Junior) siempre me lo decía y hoy se nos pasó a todos. La responsabilidad es mía», manifestó el entrenador en rueda de prensa posterior.

Melquíades y Comesaña

Todo equipo histórico tiene sus leyendas: jugadores o entrenadores que tuvieron la gloria en las manos. Junior no es la excepción. Carlos Valderrama encabeza la lista, la continúan Iván René Valenciano, Víctor Danilo Pacheco, José María Pazo, etc. Sin embargo, ninguno de ellos ha demostrado tanto amor al Club Atlético Junior como el uruguayo Julio Avelino Comesaña.

Comesaña, tal como lo hiciera Melquíades, es el hombre que vuelve de la muerte al mundo de los vivos. Cuando se cree que ya su ciclo ha terminado con Junior, Comesaña vuelve a ponerse al frente del equipo. Luego, tras una mala racha, y una que otra pelea con don Fuad Char, es despedido.

A Úrsula no le gustaba mucho la amistad de José Arcadio Buendía con Melquiades, de modo que se quitaba un peso de encima cuando éste se iba. Pero Melquíades siempre vuelve, Úrsula, no lo olvides. Comesaña regresará de nuevo cuando Mendoza se equivoque otra vez y el barco, a la deriva, necesite otro timonel. No es casual que haya sido Melquiades quien preparara la bebida con la que Macondo se curó de la peste del olvido. Profecía literaria de altísimo acierto, porque es Comesaña quien reemplazó a Mendoza después de la desmemoria.

En Macondo, Melquiades termina viviendo en casa de los Buendía. Tal como se espera que termine pasando con Comesaña, pero en el banquillo tiburón. Comesaña sabe, como aquel desarrapado gitano, los secretos de la alquimia futbolera del Caribe. Sabe cómo gestionar un equipo plagado de estrellas o sin ninguna y, aún mas categórico, conoce los secretos de la familia que manda en el pueblo.

Lo maravilloso

Junior suele provocar éxtasis cuando quiere. En un partido reciente, por ejemplo, perdía tres goles a cero en Barranquilla y frente al vigente campeón, Deportes Tolima. ¿Quién puede creer en una remontada? Solo un hincha de Junior. Porque el hincha de Junior está entrenado en lo inverosímil. No importa si ha leído o no media página de Cien años de Soledad, los junioristas saben que el equipo habita en los linderos de lo real y lo maravilloso. 

La realidad marcaba una contundente derrota que tenía todos los pronósticos de ser peor en la segunda mitad. Sin embargo, Junior se acuerda que es Junior y con un fútbol demoledor termina ganando el partido cuatro goles a tres.

En las próximas semanas, Junior puede instalarse para siempre en la gloria mágica del futbol si gana los dos títulos que disputará. El primero, y más importante, el de la Copa Sudamericana. Sería su primer trofeo continental. El otro, el de la Liga colombiana frente a Medellín. Duelo de eternos subcampeones.

De lograr los dos títulos, podríamos gritar de verdad: ¡Celébralo Curramba!

La maldición Ferrari

Fangio será, hasta el año 2000, el único piloto que, siendo previamente campeón con otra escudería, logra coronarse campeón conduciendo un Ferrari. El hombre que rompe la marca es el legendario Michael Schumacher.
Fotografía tomada de thisisf1.com

En 1951, Juan Manuel Fangio logra su primer título como piloto de Fórmula 1 y el segundo consecutivo para su escudería, Alfa Romeo SpA. El año anterior, Giuseppe Farina, se había coronado como primer campeón de la gran carpa. Los títulos de 1952 y 1953, quedaron en manos de Alberto Ascari, piloto de la escudería Ferrari. Tuvieron que pasar cuatro temporadas para que Fangio volviera a la senda del triunfo: en 1955 gana su segundo título pilotando un Mercedes-Benz. En 1956, con la Scuderia Ferrari; y 1957, con la Officine Alfieri Maserati.

Fotografía tomada de El Clarín.

Las estadísticas nos dicen que los pilotos que llegaron a Ferrari, siendo ya campeones del mundo, no pudieron ganar premios con la escudería italiana. Mario Andretti protagoniza uno de los casos más peculiares. Fue piloto de Ferrari para las temporadas 1971 y 1972. Luego pasa a ser piloto de distintas escuderías, hasta que en 1978 gana su único título pilotando para la John Player Team Lotus. Como buen hijo pródigo vuelve a Ferrari para la temporada 1982, y ocupa al final de la temporada el puesto diecinueve en la general por pilotos. Una temporada de pesadilla para los tifosi.

Fangio será, hasta el año 2000, el único piloto que, siendo previamente campeón con otra escudería, logra coronarse campeón conduciendo un Ferrari. El hombre que rompe la marca es el legendario Michael Schumacher, quien luego de obtener dos títulos mundiales con la Mild Seven Benetton Ford, llega en 1996 a Ferrari y logra cinco títulos consecutivos para los tifosi, entre los años 2000 y 2004.

Las estadísticas nos dicen que los pilotos que llegaron a Ferrari, siendo ya campeones del mundo, no pudieron ganar premios con la escudería italiana. Mario Andretti protagoniza uno de los casos más peculiares. Fue piloto de Ferrari para las temporadas 1971 y 1972. Luego pasa a ser piloto de distintas escuderías, hasta que en 1978 gana su único título pilotando para la John Player Team Lotus. Como buen hijo pródigo vuelve a Ferrari para la temporada 1982, y ocupa al final de la temporada el puesto diecinueve en la general por pilotos. Una temporada de pesadilla para los tifosi.

Alain Prost fue dos veces campeón del mundo como piloto de la Marlboro McLaren International. Logró títulos consecutivos en los años 1985 y 1986. Como dos veces campeón del mundo, llega a Ferrari en 1990, año en que ocupa el segundo lugar en la general por pilotos. En 1992, el aún piloto de Ferrari, ocupa el quinto puesto en la general. Solo hasta 1993 logra su tercer título como piloto, pero ya corriendo para la Canon Williams Renault.

Fotografía tomada de Mundo Deportivo.

Para el año 2004, la Mild Seven Renault F1 Team, ya daba de qué habar en la gran carpa. Sin tener el motor más poderoso de la competición, mostraban una buena relación entre potencia y aerodinámica. El chasis del Renault R24, mostraba por mucho ser el más equilibrado, lo que le permitía mejor rendimiento en los circuitos sinuosos, y no sufrir en las pistas de velocidad, como lo es la mítica Monza. La Renault no conquistó títulos ese año, pero se perfilada como favorita para la siguiente temporada. En 2005 el piloto español Fernando Alonso levanta su primer título a bordo del Renault R25. El auto evolucionó como se esperaba, imponiéndose de forma contundente sobre los Ferrari. Alonso repite su hazaña en 2006 a bordo del Renault R26. La prensa mundial lo miraba con lupa: el joven piloto parecía ir tras el récord de los siete campeonatos mundiales que ostenta Schumacher.

En 2010, Fernando Alonso arriba a la escudería Ferrari. Corre para ellos entre 2010 y 2014. La apuesta de Alonso era lógica: si quería inscribir su nombre entre las leyendas de la F1, conducir para Ferrari era, en el papel, la apuesta menos riesgosa. Pero 2010 no fue el año para el piloto asturiano. La Red Bull Racing venía trabajando en un auto prometedor, armado con un motor potente y confiable. La Red Bull le apostó al presente y al futuro. Mark Webber, piloto experimentado, y Sebastian Vettel, el joven piloto alemán, fueron los llamados por la escudería para conseguir lo que parecía imposible: ganar títulos consecutivos. Vettel será campeón con la Red Bull entre 2010 y 2014, los mismos años que Fernando Alonso corrió para la Ferrari.

Fotografía tomada de la Vanguardia.

Pero como la historia está llamada a repetirse, para la temporada 2015 es Sebastian Vettel quien decide vestirse de rojo. Tras obtener cuatro títulos con la Red Bull, pasa ser piloto de la escudería italiana. Mal momento para cambiar. Es en 2014 cuando la F1, luego de setenta y cinco años de correr con motores V10 y V6, pasa a utilizar motores turbo-híbridos apoyados en baterías que se recargan con cada frenada del carro. Se pasa de los motores a las unidades de potencia.

Al cambiar el sistema, uno de los grandes damnificados es la Ferrari, que parecía no estar preparada para los nuevos desafíos que imponía la competencia. Este cambio ayudó a encumbrar a la Mercedes AMG F1 Team, equipo que desde el 2014 lo ha ganados todo: tres títulos con Lewis Hamilton y uno con Nico Rosberg.

Solo Juan Manuel Fangio y Michael Schumacher llegaron como campeones a la Ferrari, y lograron títulos con la escudería italiana. La estadística sobre Sebastian Vettel aún se está escribiendo, y quizá, sea el tercer piloto en lograr la hazaña. Lo cierto es, que la Ferrari ha mostrado problemas de confiabilidad en sus unidades de potencia, mientras que la Mercedes parece imbatible. También, para finalizar, cabe apuntar el potencial que ha mostrado la Red Bull Racing en esta era híbrida, que, de contar con un motor potente, podría amenazar el reinado de los alemanes el próximo año.

Boca vs River, la final del (tercer) mundo

A un periodista argentino, en tonillo tanguero y sobrador, se le ocurrió decir que Boca vs River era la final del mundo. Así, de un solo tirón – porque los argentinos no conocen el remordimiento – mandó al carajo finales tan legendarias como la del Maracanazo o la de USA 94, con Roberto Baggio errando el penal, y con ello sentenció, de una buena vez, que no hay derecho a admitir que un Barça vs Madrid, en final de Champions League, pueda ser mito que engendre otro mito, sino más bien, comidilla para el marketing.

De tajo, aquella afirmación también los curó anticipadamente de lo que sería la gran derrota futbolera de los argentinos: perder un mundial contra Brasil. Boca vs River es la final del mundo porque la verdadera teofanía del fútbol está en la Argentina y solo puede darse en sus potreros. Porque solo en Argentina Dios es redondo.

Hoy es la final de la Copa Libertadores de América y ya deberíamos estar viendo el calentamiento de los arqueros, que son los primeros que pisan la grama. La voz nasal y crispante de Mariano Closs debería estar, ágilmente, mencionando los nombres de los titulares, mientras Diego Latorre se prepara para vaticinar un inminente choque de diferentes estilos de juego. La televisión argentina, debería estar transmitiendo postales delirantes de las graderías del monumental, o el rostro blanquirrojo de una argentinita linda, o viendo cómo un drone sobrevuela el cielo de Buenos Aires, y se eleva hasta que todo sea miniatura y pueda verse el Pacífico en lontananza. Debería.

Partido de ida en cancha de Boca / Foto de Conmebol

¿Cómo va todo en planta baja?, es la pregunta que le haría Closs al reportero de campo. Seguidamente, el paneo de la cámara se detendría al llegar al rostro del mellizo Barros Eschelotto para hacerle un primerísimo plano. Lo mismo ocurriría con “el muñeco” Gallardo quien, a estas alturas, ya debe estar preso en su palco.

Eso debería estar ocurriendo y no lo que vemos. Ahora, en lugar de una final trepidante, la televisión nos muestra unas imágenes que hace treinta minutos son furor en las redes sociales: los jugadores de Boca Juniors están llorando camino a los vestuarios.

Asistimos al espectáculo de la barbarie y la improvisación, cual no ha habido, ni habrá jamás, en los anales del futbol suramericano. No murió nadie, ni hace falta. La naturaleza había querido hace quince días que la primera final se jugara un domingo. El aguacero fue tan colosal que dejó lagunas en los cerebros de la dirigencia de la Conmebol.

La brutalidad dijo presente y la fecha del partido quedó en el limbo. Porque nadie que haya visto la transmisión entiende cómo el bus que llevaba adentro a los jugadores de Boca pudo ser apedreado y perforado tan fácilmente. En Argentina no conocen el blindaje.

Nadie puede dar crédito a las imágenes, no porque se haya caído El Obelisco, o porque la Casa Rosada haya amanecido con una banda cruzada pintada en la fachada. Fue solo porque un puñado de lo que a falta de nombre mejor llamamos vándalos, boicoteó la salida del bus xeneize con piedras y gas pimienta.

El resultado: Pablo Pérez, úlcera en el ojo izquierdo. Andrada, no puede ver más allá de tres metros. El chofer, que no juega, desmayado. Carlitos Tevez dijo, horas después, que estaban perturbados psicológicamente. También dijo que, tras el incidente, los mandaron a ponerse el uniforme tres veces, porque se jugaba, había humo blanco. El resultado: Habemus vergüenza.

Momento en que el bus de Boca es atacado / Foto de Infobae.com

Dos mil quinientos policías de la ciudad de Buenos Aires, y a la cabeza sus altos mandos, no fueron capaces de diseñar un protocolo de seguridad digno de una final continental. Algo tan simple como ampliar a un radio de 100 metros las vallas que separan a los hinchas del paso del ómnibus. Y en una curva, santo cielo…

Pero ellos, como cualquier institución lo haría, no quieren cargar con toda el agua sucia. Vía libre al rifirrafe. Macri, presidente de la Argentina, al enterarse de los desmanes, dijo lo que la tradición intelectual de los presidentes latinoamericanos le obliga: “Hay que dar con los responsables”. Maradona recuerda que está en México y vuelve a meter su mano, y le responde: “Lo que está haciendo Macri es lo peor de todos los tiempos en Argentina, pero éste es el cambio que votó la gente…Odio la violencia y a Macri qué le va a importar si fue hijo de millonarios toda la vida”.

Macri suda hielo. No puede ser que ahora él sea culpable de la incivilización argentina y vuelve a pedir explicaciones, otra a vez la policía, la de la ciudad, porque la de la nación dice que, lo que les correspondía, se hizo bien. “La culpa es de la barra brava de River, a la que se le incautaron más de 20.000 dólares y 300 entradas para el partido”, espeta la policía porteña.

Foto de Marca.com

Cada quien ve lo que quiere ver, y la mayoría de colombianos queríamos ver la voracidad de Wilmar Barrios y las escapadas punzantes de Villa. Armani estaría haciendo de Armani. Deberíamos estar viendo a Quintero: la única cuota de magia que tiene esta final. Pero no, nos quedamos mirando toda la tarde a Marcelo Benedetto, en planta baja, correteando a algún dirigente de AFA o de Conmebol para tener otra primicia deshonrosa. Allá, a lo lejos, se ve a Gianni Infantino – el presidente de FIFA – entrar por una puerta, luego devolverse por otra. Pobre señor – la Conmebol se rasca la cabeza – lo hacen venir de tan lejos… ¿Quién extraña al Cirque du soleil?

Como ambos equipos pactaron el juego para el domingo, nosotros acudimos nuevamente a la cita, nos reclinamos con toda confianza y encendimos el televisor para ver la contienda, que a esas alturas parecía más una deuda que una final. Entonces, de repente, vimos las gradas del monumental vacías. No hubo drones ni arqueros calentando. No estuvo Closs ni Latorre al micrófono: la deuda seguía sin quien la salde. El partido no se realizó porque Boca dijo que no ¿podía? jugarlo y River, faltaba más, no se opuso. Sin embargo, Boca quiso bogar mar adentro y exigió que los declarasen campeones sin jugar. Quisieron que la cancha sea un oficio y no la grama. Y su gloria, si la tienen, un escritorio. Ante ello, Rodolfo Raúl D’Onofrio, presidente de River, se hizo sentir de inmediato y les desenvainó una bravata: «Vengan a la cancha y juéguenlo, que lo puden ganar, créanme que lo pueden ganar, no somos tan buenos, nos pueden ganar»

La conmebol, luego de 4 días, puso fin al contrapunteo: el 9 de diciembre se jugará, en el Santiago Bernabéu (España), la final más larga del mundo. La final de la Libertadores en la tierra de los conquistadores. Argentina se quedó sin pagar la deuda y, en todo caso, me digo, hay que entenderlos, después de todo, no debe ser fácil organizar la final del mundo estando en el fin del mundo.