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Tres comentarios para entender Roma, la película mexicana de la que todo el mundo está hablando

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Más interesante que tratar de reconstruir la historia a partir de un hecho estético, como el cine, es ver cómo la nostalgia personal del Cuarón de aquellos años logra manifestarse a través de los detalles de la película.

La semana pasada, Netflix estrenó Roma, película del cineasta mexicano Alfonso Cuarón. Esta semana, la cinta fue seleccionada preliminarmente para participar como mejor película extranjera en la ceremonia del próximo año de los Oscar. Allí pelea con otras nueve cintas entre las que se encuentra Pájaros de verano de los colombianos, Ciro Guerra y Cristina Gallego.

Muchos han sido los comentarios alrededor de la película. Los mexicanos la han recibido con cierto alborozo en un momento en que muchos están llenos de esperanza por la reciente llegada a la presidencia de López Obrador. Para otros, la película es una excusa para viajar en el tiempo y encontrarse con la Ciudad de México de los años setenta.

En el resto del mundo, las preguntas giran alrededor de la futura relación de Netflix con las distribuidoras de todo el mundo, toda vez que Roma es la primera gran apuesta del gigante norteamericano con un director consentido por la Academia. Roma fue presentada primero en festivales —en Venecia se llevó el León de Oro— y después estuvo pocas semanas en salas de España y México, antes de llegar a Netflix.

En Formas Circulares te presentamos tres comentarios que te permitirán apreciar con más detalle Roma, la película de la que todo el mundo está hablando y que, sin duda, es la favorita en la próxima temporada de premios.

Roma es amor de mujer

En Roma¸ las protagonistas son las mujeres. Mujeres abandonadas por hombres, mujeres madres que sostienen el hogar, mujeres con tesón y fortaleza de espíritu. Mientras la imagen de los hombres se extravía entre veleidades, pasiones y la guerra, la mujer permanece siempre.

Las mujeres son el soporte de una casa con cuatro niños que sufren la ausencia velada del padre. La colonia Roma, la ciudad de México, América Latina entera fueron durante la década del setenta —aún hoy lo siguen siendo— territorio de hombres. Los hombres organizaban el universo y eran figuras tutelares en el hogar. Gobernaban con o sin el ejemplo. Pero ante la ausencia de ellos, surge la mujer tal que siempre está pensando en su hogar, como dijo Sábato.

El filme de Cuarón se desarrolla entre 1970 y 1971, en la ciudad de México. Tanto entonces como ahora, la figura paterna era de carácter y orden. A la mujer le quedaba asignada la función del amor por sus hijos. Y si bien todas las mujeres de la película aparecen derrotadas ante los hombres, la cohesión entre ellas y el amor las termina salvando.

La colonia Roma de 1970 es un espacio donde las clases sociales se rozan, pero no se traslapan, se juntan, pero no se mezclan. Todo esto es cierto hasta que el amor y la solidaridad de las mujeres se impone: Cleo y su patrona, Sofía, nos muestran en la escena de la playa como, a pesar de la profunda estratificación social y étnica de México, el amor y la solidaridad son sentimientos más profundos que cualquier configuración social.

Los mejores recuerdos son a blanco y negro

Roma es una película sobre la nostalgia. Está filmada a blanco y negro porque nuestros recuerdos más preciados siempre los almacenamos en dos tonalidades. El blanco y el negro, con sus matices, nos aseguran la profundidad de las cosas, los gestos de las gentes y la delicadeza de los sentimientos. Cuarón quiso ahondar en sus recuerdos de infancia y ofrecernos una película íntima.

Sin embargo, como los buenos novelistas, no se puso él en el centro de la historia, quizá porque lo importante no era su yo del pasado, sino el del presente. Es decir, la forma en que las personas, los lugares y la historia de México fueron configurando su visión como director de cine. Por eso, no era relevante contar la historia de un chico de la clase media alta de la colonia Roma, sino mostrar los detalles más reveladores de una época de convulsiones y revoluciones en México y América Latina. Es así como toda la historia de Roma se cuenta a través de Cleo, la mujer mixteca que trabaja como empleada del servicio en una casa de clase media alta de la colonia Roma.

Más allá de los lugares de la ciudad de México y de las referencias historiográficas, no sabemos qué tanto de lo que cuenta Cuarón queda en el plano de la ficción y qué tanto en el de la realidad. No sabemos tampoco hasta qué punto esa relación de calidez e igualdad entre la señora Sofía y Cleo es producto de pasar por el cedazo de la nostalgia una infancia que, con o sin la presencia del padre, pareció ser apacible.

Más interesante que tratar de reconstruir la historia a partir de un hecho estético, como el cine, es ver cómo la nostalgia personal del Cuarón de aquellos años logra manifestarse a través de los detalles de la película.

Para Cuarón, lo importante fue construir su versión de la ciudad de México en la que creció, que no es necesariamente la Ciudad de México de 1970. Para ello, recurre a los planos abiertos de algunos sitios del DF como el Teatro Metropolitan o el Centro Médico Siglo XXI. Pero también están los terremotos que históricamente se han dado en la ciudad de México y las protestas estudiantiles del año 1971 que produjo la Matanza del Jueves del Corpus a manos del grupo paramilitar Los Halcones.

Las señales

Aunque parezca una historia plana y desabrida, Roma se constituye en una pieza hermosa a partir de los detalles. Por eso, el espectador debe estar pendiente de cómo, detrás de cada acción, hay un símbolo que apunta a la construcción global de sentido de la cinta. En Roma, no hay ningún cabo suelto sino muchos índices desperdigados. Juntarlos todos y entenderlos en el contexto de la cinta es labor del espectador.

Aunque es una película profundamente mexicana y los mexicanos se han sentido retratados con cada plano, su comprensión es posible gracias a las realidades compartidas de los latinoamericanos. Así, la estratificación, la discriminación étnica, el paramilitarismo y las protestas estudiantiles son realidades que los latinoamericanos vivieron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

Hay, por ejemplo, una correspondencia entre la imagen que queda viendo Cleo en el hospital durante el terremoto y lo que termina ocurriendo con ella el día de la Matanza del Jueves del Corpus. Lo uno es anticipo de lo otro. Los dos sucesos históricos —el terremoto y El Halconazo— se cruzan en la vida personal de Cleo para definir su destino.

En la cinta, están las salas de teatro que son definitivas para los personajes de la historia, pero también para Alfonso Cuarón. En el teatro de su infancia, Cuarón vio por primera vez las imágenes de Gravity, la cinta con la que ganaría un Oscar como mejor director. También son detalles interesantes los aviones que sobrevuelan contantemente la Ciudad de México, el contraste entre la vida en la colonia Roma —el centro— y el barrio en que vive Fermín —la periferia—, y el plano en que, en medio del entrenamiento militar a Los Halcones, Cleo es la única que puede hacer la posición del Profesor Zovek.

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