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Febrero es un amago

En esta segunda viñeta de los meses del año, el autor, en una tenue prosa poética, nos habla de las promesas incumplidas, de las cometas que se elevan y de las lluvias que se asoman. Febrero es eso precisamente: una advertencia del invierno y de la vida.

En febrero, las nubes reaparecen tímidamente y amenazan con desplomarse contra el suelo. Pero no lo hacen: le temen al polvo que, por este tiempo, ya ha penetrado hasta en el último resquicio de mi biblioteca. Febrero es un amago. En sus días, se anuncian las lluvias que no caen y se esfuman las ilusiones y las promesas de amores juramentados en el fragor de la fiesta. La vida transcurre evanescente como haciéndonos creer que el mundo está en marcha. Pero es mentira, porque, a pesar de que nos levantamos temprano, lo hacemos con la fuerza de las vísceras y no con la voluntad del corazón.

Enero es inclemente y febrero es esperanzador. Al brillo abrasador del primero, le sigue el sopor matinal del segundo. Hasta que llega la tarde. La calma hipnótica de todo el día sucumbe ante las brisas vespertinas. En febrero, como en ningún otro mes, llegan las brisas. Entonces, una artesanal cometa bailotea por los cielos como llevada por los dioses a cumplir una misión cósmica.

Crecer es perder, y febrero se empeña en hacérnoslo saber. Hace mucho perdimos la paciencia tierna que se necesita para armar una cometa con dos varitas y un trozo de seda. Por eso, este año, otra vez incumpliremos la promesa de armar una para mandarles telegramas a las nubes. En febrero, la calma profunda de la cometa que, sedosa, juega en el viento se parece al vuelo de la abeja que fecunda las flores veraneras. Ya brotarán los mangos y las guayabas y los mamoncillos. Mientras tanto, una madre y un padre enamorados ven crecer un vientre feliz.

Febrero es fugaz y delicado como las flores del cañaguate que alfombran la senda de los hombres del campo. Febrero es un amago, un asomo de lo posible. Ya pronto vienen las lluvias. Entonces, otra vez seremos felices en el verde de mil tonalidades, en el gris de un cielo encapotado.

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