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Rafa Pérez canta, ahora sí, vallenato

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Todas estas canciones son un capricho del artista que decidió citar, en una misma noche, a sus maestros de infancia y cantar con ellos sus canciones.

Rafa Pérez canta —y con mucho éxito en redes y radio— vallenato. La fórmula que ha seguido no es nueva: tomó un puñado de canciones de lo que ya son los nuevos clásicos de la canción vallenata, buscó a sus compositores, unos más reconocidos que otros; y con ellos, con los que están vivos, montó una real parranda vallenata.

Para ello, se valió de la imagen visual que el vallenato tuvo en las décadas de los ochenta y noventa —de hecho, las canciones seleccionadas son en su mayoría de estas dos décadas—. El escenario de Rafa Pérez canta vallenato nos recuerda a Estelares del vallenato, programa de Telecaribe que en esos años nos ayudó, como el que más, a hacer visual el rostro y gesto de cantantes y compositores vallenatos.

La imagen visual de Rafa Pérez canta vallenato es similar a aquel programa de televisión: poco público, pocas luces, un quiosco parrandero y mucho vallenato. Una parranda, en definitiva. Al vallenato le ha hecho daño la mucha industria. En un texto anterior, dije que la mucha industria mata el genio. Y no es mentira: las canciones de eso que, por fuerza comercial, llaman vallenato se han saturado de industria y han perdido la esencia musical. La tecnología se impuso a un sonido que esencialmente conectaba al hombre con su tierra.

Se me ocurre ahora decir que hay dos tipos de clásicos: los universales y los personales. Los primeros son aquellos que un grupo social amplio ha aceptado como tesoros invaluables e insustituibles —libros, álbumes, canciones, piezas de arte—. Los clásicos personales son lo que en literatura se llama el canon personal. Es decir, aquellas piezas que un artista asumió como importantes en su formación. No es estrictamente necesario que un grupo social tome los clásicos personales como piezas esenciales. Para el único que estas piezas son importantes es para el artista mismo, quien, mientras sueña, se forma en solitario.

Yo sospecho que las canciones que Rafa Pérez recogió en este álbum hacen parte del canon personal del mismo cantante. Sí, sus canciones están en el cancionero de toda una generación, pero estas no son las mejores ni las más trascendentales. Por ejemplo, la canción que ha despegado en solitario de este álbum «Mi novia mujer» no es la mejor ni la más conocida de Jesús Manuel Estrada. Y el mismo Jesús Manuel Estrada no es tampoco uno de los compositores más reconocidos del ámbito musical vallenato.

Todas estas canciones, entonces, son un capricho del artista que decidió citar, en una misma noche, a sus maestros de infancia y cantar con ellos sus canciones.

En el pedacito de mundo en el que vivo —y que está en contacto con cualquier cosa, antes que con música vallenata— tres canciones han sido muy escuchadas en los últimos dos años: «Tardes de verano», «Me rindo, Majestad» y, ahora, «Mi novia mujer». Todas son canciones grabadas hace muchos años y hechas a la vieja usanza. Y yo pregunto, ¿Si allí está la clave del éxito, por qué los cantantes persisten en grabar cosas tan mediocres como las que escribe Diego Daza?

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