Ad Clicks : Ad Views :

Vuela alto, Chimuelo, siempre te recordaremos

/
1346 Visitas
La violación y el asesinato de niños son un asunto tan corriente en nuestro país que hace mucho dejó de importarnos. La reacción nuestra es la furia momentánea. Maldecimos la aberración y al aberrante. Luego, volvemos a otra tendencia, a otro hashtag.

En el video, un niño llamado Renato se dirige a todos con el protocolo y la solemnidad de un funeral religioso. En la tierra, cava la tumba del ave muerta, mientras entona, con toda reverencia, el Ave María. Posteriormente, el ave es puesta en tierra. Sorpresivamente, aparece una perra que se lo lleva a la boca para comérselo. De inmediato, Renato intenta abrir la boca del animal para sacar a Chimuelo (así se llama el ave), forcejean un momento y, finalmente, Chimuelo es rescatado. “Está con un poco de baba, pero está en paz”, dice aliviado el pequeño, para luego proceder a enterrar nuevamente el cuerpo de su mascota.

Lo de Renato es un gesto de humanidad, de verdadero altruismo. No solo porque se trata de un niño que quiere a su mascota —eso lo sabemos de casi todos los infantes­—, sino porque, sin quererlo, rompe con el cliché de amar lo perfecto. “Cuando decidimos comprarlo, me di cuenta que era especial, tenía una deformidad genética, las alitas no le crecieron nunca, por eso no podía volar”, explicó posteriormente Renato, quien vivió con el ave por más de año y medio.

La sensibilidad y el instinto animal tienen lugar en un brevísimo momento del video. Sin embargo, éste logró ser tendencia no solo por la emotiva despedida que el niño le hace a su ave, sino también por la intromisión de la perra. Este es un elemento determinante en la viralización, por ello podríamos decir que, además del adiós a Chimuelo, asistimos por igual a la inoportuna sevicia del canino.

En un animal, el instinto depredador es admisible, pues es su naturaleza. Un animal es incapaz de discernir qué significa la indefensión, la vulnerabilidad. Por el contrario, se vale de ellas para satisfacer su inmediata necesidad.

Mientras Chimuelo se hacía viral, en Colombia conocimos tres aberrantes noticias sobre asesinatos y abusos sexuales contra menores de edad: Pastor Gómez acaba de ser trasladado a la cárcel La Picota por ser responsable de la violación y el asesinato de la niña Angie Lorena Nieto, de 12 años, en el departamento del Meta.

“Que me cuiden a mis hijos” fue el pedido de Gómez a los padres de la niña asesinada.

En Santa Marta, un niño de 10 años, discapacitado, fue víctima de abuso sexual por parte de un hombre que, valiéndose de la limitación del menor, lo engañó y logró llevarlo debajo de un puente. Allí perpetuó la violación.
Los dos responsables del abuso y asesinato del niño de 7 años, Hans Tafur, ocurrido el mes pasado en el departamento de Caldas, fueron recientemente capturados y llevados ante la justicia.

La violación y el asesinato de niños son un asunto tan corriente en nuestro país que hace mucho dejó de importarnos. La indignación solo dura unos minutos, unos cuantos comentarios, unos cuantos likes. La reacción nuestra es la furia momentánea, nada más. Maldecimos la aberración y al aberrante, nada más. Luego, volvemos a otra tendencia, a otro hashtag.

Nosotros, los indignados, no hemos sido capaces de salir a la calle y exigir al gobierno de turno que haya una política de estado que verdaderamente proteja la vida de los niños, que endurezca el castigo a quienes cometen el delito y se ocupen mucho más por la prevención que por la terapia psicológica de acompañamiento.

Lo nuestro es reírnos del perro que se come al pájaro. Lo nuestro es hacer comedia de la tragedia del otro. Lo nuestro nunca ha sido aprender de la sensibilidad de Renato, porque este sistema en el que vivimos nos dice que debemos proteger solo aquello que nos otorga un beneficio inmediato y concreto. ¿Para qué preocuparse por un niño? ¿Por un discapacitado? ¿Por un funeral de mentiras?

Los demonios del infierno nos prefieren porque los colombianos estamos siempre dispuestos a perjudicar al más indefenso. Y somos tan imbéciles que no nos levantamos contra el que verdaderamente nos jode.

  • Facebook
  • Twitter
  • Google+
This div height required for enabling the sticky sidebar
Esta web utiliza cookies puedes ver aquí la Política de Cookies. Si continuas navegando estás aceptándola.